Por primera vez desde que comenzó su deterioro masivo, los bosques de manglares del planeta han ganado más superficie de la que han perdido. Un macroestudio internacional publicado en la revista Science revela que entre 2010 y 2023 la cobertura global de manglares creció en 2.033 km², compensando casi por completo los 2.882 km² perdidos entre 1984 y 2010. El balance neto es una pérdida de apenas el 0,5% respecto a los años 80, lo que supone un punto de inflexión histórico para la conservación y para los mercados de carbono azul.
De la pérdida sistemática a la recuperación
Durante casi tres décadas, los manglares perdieron superficie de forma continua. La deforestación para acuicultura, la expansión urbana costera y la degradación por contaminación redujeron estos ecosistemas a un ritmo que parecía irreversible. La tendencia se invirtió a partir de 2010, cuando la suma de políticas de conservación, proyectos de restauración activa y procesos naturales de recolonización empezó a generar más superficie nueva de la que se destruía.
El estudio, basado en imágenes de satélite de cuatro décadas, identifica tres mecanismos principales de recuperación. Los manglares están recolonizando estanques de acuicultura abandonados. Se están expandiendo hacia marismas costeras de reciente formación, especialmente en deltas fluviales donde los sedimentos crean condiciones favorables. Y los bosques existentes se están densificando: los de dosel cerrado, los que más carbono almacenan y más protegen la costa, han aumentado su extensión a escala global.
El punto caliente de mayor expansión natural es la costa noreste de Sudamérica, donde los manglares están colonizando nuevos hábitats creados por los depósitos de sedimentos del río Amazonas.
Por qué este dato importa más allá de la biodiversidad
Para las empresas con estrategias de descarbonización y compromisos de carbono azul, la recuperación de los manglares tiene implicaciones directas. Los suelos de manglar almacenan hasta diez veces más carbono por hectárea que los bosques terrestres, y ese carbono puede permanecer secuestrado durante siglos en condiciones anaeróbicas. La expansión de la superficie y la densificación de los bosques existentes amplía el potencial de los manglares como sumideros naturales verificables.
El Consejo Oleícola Internacional y varios gobiernos ya incorporan la protección de manglares en sus Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC) bajo el Acuerdo de París. La UICN señala que casi el 20% de los manglares evaluados siguen clasificados como “en peligro” o “en peligro crítico”, lo que mantiene la presión sobre los mercados de créditos de carbono azul y sobre los marcos regulatorios que los respaldan.

La cautela que acompaña al optimismo
Los propios autores del estudio advierten que la victoria no es completa. Los manglares de reciente formación son jóvenes y menos capaces de proporcionar todos los beneficios ecológicos de los sistemas maduros. La deforestación continúa siendo la amenaza más inmediata: cuando se talan manglares maduros se liberan grandes cantidades de carbono acumulado durante décadas y se pierde una infraestructura natural de protección costera que no se recupera en el corto plazo.
“Aunque a día de hoy seguimos perdiendo algunos manglares, nuestros datos hablan de un hito en la conservación y de una importante fuente de optimismo para la acción climática”, señala Daniel Friess, catedrático de la Universidad de Tulane y coautor del estudio.
El Día Internacional para la Conservación del Ecosistema de Manglares, que se celebra el 26 de julio, llega este año con un argumento científico inédito: por primera vez en cuarenta años, la tendencia global apunta hacia la recuperación. Mantenerla exigirá políticas que protejan los flujos de sedimentos fluviales, frenen la deforestación y garanticen la financiación de la restauración activa en las regiones donde los manglares siguen retrocediendo.

