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7 sellos de arquitectura sostenible: qué garantiza realmente cada uno

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La palabra «sostenible» se ha convertido en un enorme paraguas bajo el que caben edificios muy diferentes. Algunos estándares comprueban cómo se ha proyectado y ejecutado la construcción; otros conceden puntos por cuestiones tan diversas como los materiales, la gestión de residuos o la proximidad del transporte público. Todas estas certificaciones son voluntarias y obtenerlas implica costes: tasas, técnicos especializados, documentación y, en muchos casos, consultoría externa. La diferencia no está en que unas sean gratuitas y otras comerciales, sino en aquello por lo que se paga: mientras unas acreditan prestaciones constructivas y energéticas concretas, otras aportan una credencial de mercado útil para atraer inversión, justificar objetivos ESG o revalorizar el inmueble. Freehand Arquitectura, el estudio boutique especializado en el diseño de Casas Pasivas de diseño, nos explica qué mide realmente cada uno y por qué conviene distinguir entre obtener una buena puntuación y demostrar que un edificio funciona.

Villa Dana, La moraleja, Madrid

1. Passivhaus: proyectar bien, construir bien y demostrarlo. No nació como una etiqueta basada en la acumulación de puntos, sino como un estándar científico desarrollado por el Passive House Institute, un instituto independiente de investigación especializado en eficiencia energética. Sus requisitos son técnicos y medibles: aislamiento de altas prestaciones, ventanas eficientes, ausencia de puentes térmicos, control de la hermeticidad y ventilación mecánica con recuperación de calor. La certificación acompaña el proceso desde el proyecto hasta el edificio terminado: una entidad acreditada revisa los cálculos, los planos, los detalles constructivos, los materiales y la documentación de la ejecución, y exige pruebas como el ensayo de hermeticidad y la comprobación del sistema de ventilación. No basta con declarar que las soluciones aparecen en el proyecto; hay que demostrar que han sido correctamente ejecutadas y que el edificio alcanza las prestaciones exigidas. Su rentabilidad no reside únicamente en obtener un sello, sino en reducir el consumo y el gasto en climatización durante toda la vida útil del inmueble, además de proporcionar una temperatura estable, aire renovado y confort interior.

2. EnerPHit: llevar la exigencia Passivhaus a los edificios existentes. Es el estándar desarrollado por el Passive House Institute para rehabilitar inmuebles que, por su orientación, estructura, protección patrimonial o configuración original, no pueden alcanzar todos los requisitos establecidos para una obra nueva Passivhaus. Mantiene, sin embargo, la misma filosofía de rigor: mejorar radicalmente la envolvente, reducir las pérdidas de energía, controlar las infiltraciones y garantizar una ventilación eficiente. También exige cálculos, documentación de la ejecución, ensayos y verificación independiente. En un país con un parque inmobiliario envejecido y millones de viviendas construidas sin un aislamiento adecuado, EnerPHit permite actuar sobre el verdadero problema del edificio. Requiere una inversión inicial importante, pero evita uno de los errores más caros y frecuentes de la rehabilitación: sustituir instalaciones o añadir sistemas de climatización sin corregir antes las pérdidas energéticas de fachadas, cubiertas, ventanas y encuentros constructivos.

3. VERDE: una fotografía amplia de la sostenibilidad. Creado por Green Building Council España, evalúa energía, agua, materiales, residuos, movilidad, biodiversidad, salud y adaptación al entorno. Su perspectiva permite analizar el impacto global del inmueble y está adaptada a la realidad normativa española. Sin embargo, su puntuación incorpora aspectos que no describen necesariamente la calidad de su construcción. Tener transporte público cerca o favorecer determinados medios de movilidad puede mejorar la valoración, aunque no revele cómo están aisladas la fachada y la cubierta, cómo se han instalado las ventanas o cuánta energía necesitará la vivienda para mantener el confort. Además de medir la sostenibilidad general, puede ayudar a justificar compromisos ESG, optar a determinados concursos o reforzar el posicionamiento ambiental de una promoción.

4. BREEAM: muchos criterios dentro de una misma puntuación. Nacido en Reino Unido y adaptado posteriormente al mercado español, valora la gestión, la energía, el agua, los materiales, los residuos, el transporte, la contaminación, la salud y el uso del suelo. Esa amplitud ofrece una visión general del proyecto, pero también permite obtener puntos en categorías que no están directamente relacionadas con la arquitectura o la ejecución material del edificio. Una buena calificación BREEAM no significa, por tanto, que el inmueble alcanzaría las exigencias energéticas, de hermeticidad o de confort de Passivhaus. Su reconocimiento entre promotores, fondos e inversores lo convierte también en una herramienta de mercado que puede favorecer la comercialización y el valor del activo.

5. LEED: el lenguaje de la inversión internacional. El certificado estadounidense concede créditos por decisiones relacionadas con la energía, el agua, los materiales, el transporte, el emplazamiento, la calidad ambiental interior y la innovación. Según la puntuación obtenida, el proyecto alcanza los niveles Certified, Silver, Gold o Platinum. Su lógica permite que dos edificios con la misma categoría hayan llegado a ella mediante estrategias muy diferentes. Por eso, un inmueble puede obtener una calificación LEED elevada sin cumplir las exigencias de demanda energética, hermeticidad o ejecución de Passivhaus. Su principal fortaleza económica es su reconocimiento internacional, especialmente valioso para sedes corporativas, hoteles y operaciones inmobiliarias dirigidas a fondos o inversores extranjeros.

6. WELL: el bienestar como objeto de evaluación. Analiza cómo influyen los espacios en la salud de sus ocupantes mediante aspectos como el aire, el agua, la iluminación, el ruido, el confort térmico, el movimiento o la salud mental. Su aportación es especialmente interesante en oficinas, hoteles y espacios de trabajo, pero su objetivo no es certificar la eficiencia constructiva o energética del edificio. Puede complementar a Passivhaus, pero no sustituirlo. Su retorno económico se busca principalmente en la satisfacción de empleados, clientes y huéspedes, en la retención del talento y en la diferenciación comercial del inmueble.

7. DGNB: sostenibilidad durante todo el ciclo de vida. El sistema alemán combina criterios medioambientales, económicos, socioculturales, técnicos y funcionales, y presta especial atención a la durabilidad, la flexibilidad y los costes futuros del inmueble. En España se aplica en colaboración con Green Building Council España. Como sucede con otras certificaciones integrales, ofrece una valoración amplia del activo, pero no acredita por sí solo que alcance las prestaciones energéticas y constructivas de Passivhaus. Su interés económico se encuentra precisamente en esa visión a largo plazo: mantenimiento, capacidad de adaptación, costes durante la vida útil y conservación del valor del edificio.

DECLARACIONES DE LOURDES TREVIÑO, ARQUITECTA Y PASSIVE HOUSE DESIGNER:Los certificados generalistas pueden ser útiles para valorar el contexto, la gestión y el impacto global de un proyecto, pero no deben confundirse con una garantía de eficiencia energética o de calidad constructiva. Un edificio puede alcanzar una buena puntuación LEED, BREEAM o VERDE y no cumplir los requisitos de Passivhaus porque responden a preguntas diferentes. Si la prioridad es conseguir un inmueble que necesite muy poca energía, mantenga una temperatura estable, renueve correctamente el aire y proporcione confort durante décadas, Passivhaus y EnerPHit en rehabilitación establece las prestaciones, las mide y exige demostrar que se han alcanzado.”


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