La relación entre el ser humano y naturaleza ha sido una constante en la historia de la humanidad, una interacción que ha evolucionado significativamente a lo largo del tiempo. Desde los albores de la civilización, las personas han dependido de los recursos naturales para su supervivencia y desarrollo. Sin embargo, esta relación ha pasado por diferentes etapas y ha sido moldeada por factores culturales, económicos y tecnológicos. A lo largo de este artículo vamos a reescribir los hechos más significativos, desde la mirada de las ciencias humanas, para comprender el vínculo a lo largo de la historia.
La relación entre ser humano y naturaleza
En sus comienzos, esta relación se basaba en creencias religiosas y mitológicas. Los mitos eran la forma primitiva en la que se reflexionaba sobre la naturaleza y servían como una guía moral para influenciar las acciones humanas. Con el tiempo, hubo una transición hacia la filosofía, aunque fue un proceso gradual de racionalización. Este cambio en el pensamiento tuvo su origen en Jonia, donde los filósofos presocráticos (en los siglos VI-V a.C) utilizaron la experiencia, la analogía y la dialéctica para explicar la esencia de la naturaleza (physis). Algunos destacados fueron Tales de Mileto, quien afirmaba que el principio material era el agua, mientras que Heráclito lo veía en el fuego. Anaxímenes identificaba el principio con el aire, y Anaximandro lo conceptualizaba como el ápeiron. Estas ideas se basaban en una valoración materialista de los elementos esenciales que componen la naturaleza.
En el final del período clásico (siglos V-IV a.C.), el enfoque del pensamiento se apartó de la naturaleza y se centró en el estudio del ser humano. Los sofistas se esforzaron por llegar a conclusiones racionales, cuestionando las creencias y costumbres morales de sus contemporáneos. Platón, por su parte, incorporó la belleza del mundo natural en su visión y exploró cómo esto podía influir en las costumbres de las personas. Dividió la realidad en dos mundos ontológicamente distintos: el mundo inteligible y el mundo sensible. Esta distinción se manifestó en el ámbito antropológico a través del cuerpo y el alma, y en el campo del conocimiento, se reflejó en la diferencia entre la opinión (doxa), que se refiere a las creencias sostenidas sobre la realidad, y el conocimiento verdadero (episteme). Aristóteles, por otro lado, reconoció la naturaleza como la sustancia que anima a los seres vivos, los cuales contienen en sí mismos el movimiento y el cambio. Esto le permitió diferenciar entre los seres naturales y los seres artificiales. Se alejó de la dualidad que postulaba la existencia de un mundo cualitativamente diferente, superior y más verdadero que este mundo inmanente. En cambio, se centró en la teoría Hilemórfica, que sostiene que todo lo que existe está compuesto por dos principios intrínsecos: hile (materia) y morfos (forma). En el caso del ser humano, esta teoría se refleja en la estrecha relación entre el cuerpo y el alma.
Durante la Edad Media, el cristianismo tuvo un impacto significativo en la forma en que se percibía la naturaleza. La idea de que la creación era una obra divina ejerció una poderosa influencia, considerando la naturaleza como algo sagrado y de gran valor. Los seres humanos asumieron el papel de cuidadores de la creación, con la responsabilidad de preservar y proteger el mundo natural. El uso de los recursos naturales debía guiarse por principios de justicia y caridad. Sin embargo, la creencia en la superioridad de los seres humanos sobre el resto de la creación llevó a la sobreexplotación y al abuso indiscriminado de los recursos naturales. Se destaca San Agustín, quien sostuvo que tanto los seres humanos como la naturaleza son productos de la creación, y afirmó que “el verdadero Dios es una naturaleza inmutable” (San Agustín, 1958, citado en Ortiz Blanco, 2014, pp. 65). Por su parte, Tomás de Aquino consideró que la naturaleza provee bienes a los seres humanos. Exploró los diferentes niveles de existencia de la creación humana y la relación entre el hombre y Dios.
En la época moderna, se produjo un cambio de paradigma en la concepción del universo. Este ya no se consideraba simplemente como un conjunto de sustancias con propiedades inherentes, sino como un conjunto de eventos regidos por leyes estructurales. Esto condujo al auge de las ciencias y al deseo ferviente de los seres humanos de desentrañar los misterios de la naturaleza. Se estableció una relación entre los seres humanos y la naturaleza en la que esta última se veía como un objeto que podía ser manipulado, en función del nivel de conocimiento alcanzado. Surgió así la idea de “dominar la naturaleza” a través de la ciencia y la tecnología.
Un pensador relevante en este período es Descartes, quien introdujo una distinción ontológica entre dos esferas: el ser humano, como sujeto pensante, y el mundo, como un objeto externo e independiente. Además, enfatizó la importancia del conocimiento práctico para lograr el bienestar colectivo y promover el control sobre la naturaleza.
En la época contemporánea, han surgido nuevas perspectivas y enfoques que vale la pena destacar:
- Ética ambiental: En el siglo XX, la ética ecológica surgió como respuesta a la crisis ambiental y la necesidad de reconsiderar la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Aldo Leopold, un naturalista y guardabosques estadounidense, es considerado el padre fundador de esta corriente. En su ensayo “Ética de la Tierra” (1968), nos insta a cambiar nuestra forma de pensar y superar la separación entre los seres humanos y la naturaleza, la cual ha llevado a valorar el entorno únicamente desde una perspectiva económica. Leopold aboga por reconocer los derechos éticos de la Tierra y sostiene que el mundo natural tiene un derecho inherente a existir por sí mismo, más allá de su utilidad para los seres humanos.
- Justicia ambiental: En la década de 1980, surgió en Estados Unidos un movimiento en favor de la justicia ambiental con el objetivo de abordar la distribución desigual de los impactos negativos en el entorno, especialmente en comunidades minoritarias y de bajos ingresos. Un evento importante fue la lucha contra la ubicación de vertederos tóxicos en el condado de Warren, Carolina del Norte, en 1982. La Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color lideró esta protesta en respuesta a la decisión estatal de establecer un vertedero de residuos peligrosos en una comunidad predominantemente afroamericana.
- Ecología política: Hacia finales del siglo XX, surgió la ecología política, que combina la ecología con el análisis político y se centra en las complejas relaciones de poder y las dinámicas socioambientales. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano en Estocolmo en 1972 sentó las bases para el desarrollo sostenible y resaltó la importancia de la protección ambiental. En 1990, en la Cumbre Europea en Dublín, Holanda propuso un programa ambiental nacional que dio origen al concepto de “espacio global”. En la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992, la Unión Europea retomó esta propuesta y enfatizó el espacio global como base de los recursos disponibles, promoviendo la “sostenibilidad” como guía para una economía eficiente. La firma de la Declaración de Río por parte de 178 países intensificó la acción ambientalista y generó conciencia sobre la degradación ambiental. Además, se hizo un llamado a la racionalidad humana para impulsar una economía de libre mercado en pos del desarrollo sostenible. Dos décadas más tarde, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en Río de 2012 (Río +20), se adoptaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), siguiendo los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y alineándose con la agenda de desarrollo posterior a 2015.
- Ecofeminismo: En la década de 1970, surgió como una corriente de pensamiento que establece vínculos intrínsecos entre la opresión de las mujeres y la explotación de la naturaleza. François D’eabuonne, socióloga, utilizó por primera vez este término para describir las acciones de las feministas francesas que protestaban contra desastres ecológicos. El ecofeminismo, busca criticar la modernidad desde una perspectiva feminista y ecologista, analizando la conexión ideológica entre la explotación de la naturaleza y la explotación de las mujeres (Muñoz, 2016). Considera las categorías de género, feminidad, androcentrismo y sexismo, y plantea alternativas que promueven la sostenibilidad y buscan corregir los sesgos existentes en la relación entre género y medio ambiente.
- Posthumanismo: Es un pensamiento que surge a partir de los avances en el campo de la cibernética en las décadas de 1950 y 1960, cuando esta disciplina transformó radicalmente nuestras concepciones científicas sobre el mundo y nuestra identidad humana. En las últimas décadas, ha cuestionado las ideas tradicionales de lo que significa ser humano y ha promovido una visión más inclusiva que considera a otros seres vivos y entidades no humanas. Este enfoque se basa en las transformaciones previas de la identidad humana y explora las posibilidades futuras. En lugar de adherirse a la idea de una esencia humana fija, el posthumanismo propone una convivencia horizontal entre los seres humanos, las computadoras y las redes de comunicación, creando una estructura tecnológica en la cual los humanos no ocupan una posición privilegiada, sino que se encuentran en un plano de igualdad.
En la actualidad, la relación entre los seres humanos y la naturaleza enfrenta desafíos sin precedentes. La creciente conciencia sobre los impactos negativos de nuestras acciones en el medio ambiente ha llevado a un movimiento global hacia la sostenibilidad y la conservación. La necesidad de encontrar un equilibrio entre las necesidades humanas y la protección del medio natural se ha convertido en una prioridad urgente.
Comprender la evolución de la relación a lo largo de la historia es fundamental para abordar los desafíos actuales y futuros. Solo a través de un enfoque sostenible que promueva la conservación de los recursos naturales, la preservación de la biodiversidad y la mitigación del cambio climático, podremos garantizar un futuro viable para las generaciones venideras. La historia nos enseña lecciones valiosas sobre los errores del pasado y nos brinda la oportunidad de tomar decisiones informadas y responsables para preservar nuestro entorno natural y asegurar nuestra propia supervivencia.
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