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Permacultura en acción: Crea proyectos sostenibles y en sintonía con la naturaleza

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La Permacultura es un enfoque de diseño basado en principios éticos que busca crear sistemas sostenibles y resilientes, fundamentado en los principios del ecosistema natural. Esta disciplina abarca diversos aspectos, desde la agricultura y la arquitectura hasta la gestión de recursos y la vida comunitaria. El término “Permacultura” se deriva de la combinación de las palabras “permanente” y “cultura” o “agricultura“. Fue acuñado en los años 70 con el objetivo de desarrollar un enfoque de diseño holístico que permitiera vivir en equilibrio con el medio ambiente y garantizando a las generaciones futuras el disfrute de los recursos naturales.

La Permacultura se rige por tres principios éticos fundamentales, los cuales proporcionan una guía para el diseño de sistemas permaculturales que sean socialmente justos, ambientalmente responsables y económicamente viables.

  • Cuidado de la Tierra: reconoce que la tierra es un sistema vivo y finito que debemos respetar y cuidar.
  • Cuidado de las personas: implica satisfacer las necesidades básicas de las personas de manera justa y equitativa, promoviendo su bienestar físico, emocional y espiritual. También se enfoca en fomentar la igualdad de género, la diversidad y la participación activa de la comunidad.
  • Reparto justo de los excedentes: significa distribuir los recursos de manera que satisfagan las necesidades de todos los miembros de la comunidad y promover la solidaridad y la colaboración en lugar de la acumulación individual.

En cuanto al diseño, existen doce principios básicos que, al aplicarse, buscan crear sistemas sostenibles que funcionen en armonía con la naturaleza y promuevan la resiliencia y la regeneración. Este artículo tiene como objetivo rescatar y consolidar los conceptos fundamentales para proporcionar una guía práctica y útil en el diseño de sistemas sostenibles.

Observación y análisis del entorno

Antes de crear un sistema sostenible, es esencial comprender y apreciar las características y dinámicas tanto del entorno natural como del humano que lo rodea. Esta fase sienta las bases para un diseño efectivo y armonioso.

Al observar el entorno natural, se pueden identificar los patrones y procesos presentes en los ecosistemas locales. Esto proporciona información valiosa sobre cómo funciona la naturaleza y cómo pueden replicarse sus interacciones en el diseño de sistemas sostenibles.

La observación del entorno humano permite comprender las necesidades, los recursos y las dinámicas sociales de la comunidad. Se deben considerar factores como las tradiciones culturales, los sistemas económicos y las interacciones comunitarias para diseñar sistemas permaculturales que sean relevantes y beneficiosos para las personas.

Diseño centrado en la naturaleza

Esta disciplina se basa en la comprensión de los principios y patrones que se encuentran en la naturaleza, con la finalidad de reproducirlos en el diseño de los sistemas. Al hacerlo, se crea un enfoque armonioso y resiliente que funciona en consonancia con los procesos naturales y promueve la regeneración.

La permacultura reconoce que los ecosistemas naturales han evolucionado a lo largo de millones de años y han desarrollado soluciones eficientes y sostenibles para enfrentar los desafíos ambientales. Por lo tanto, se toma como inspiración los principios y patrones que se encuentran en la naturaleza para diseñar sistemas permaculturales.

Un ejemplo de diseño centrado en la naturaleza es la creación de bosques comestibles. En lugar de utilizar monocultivos intensivos y artificiales, se busca imitar la estructura y la diversidad de un bosque natural. En un bosque comestible, se plantan árboles frutales, arbustos, hierbas y plantas perennes en diferentes estratos, imitando así las capas y la interacción de especies en un bosque. Este diseño imita la resiliencia y la productividad de un ecosistema natural, al mismo tiempo que proporciona alimentos abundantes y diversificados.

Uso eficiente de los recursos

El uso eficiente de los recursos busca maximizar la productividad y minimizar el desperdicio en el uso de recursos como el agua, la energía y los materiales. Esta estrategia contribuye a la sostenibilidad y a la reducción del impacto ambiental, al tiempo que promueve la autosuficiencia y la resiliencia de los sistemas permaculturales.

La permacultura promueve técnicas de captación y conservación del agua, como la recolección de agua de lluvia, sistemas de almacenamiento y riego por goteo. También se fomenta la reutilización del agua gris. En cuanto a la gestión de residuos, se enfatiza la reducción, reciclaje y reutilización, mediante compostaje y técnicas de reciclaje de materiales como papel, plástico y vidrio. Se promueve el uso de energías renovables y la eficiencia energética, a través de sistemas solares, eólicos o hidroeléctricos, así como la adopción de prácticas de conservación de energía en la vida diaria. Estas estrategias buscan minimizar la huella ecológica y promover la autosuficiencia en los sistemas.

Zonificación y planificación del espacio

La zonificación y la planificación son herramientas permiten organizar y distribuir de manera eficiente los elementos de un sistema permacultural, teniendo en cuenta su frecuencia de uso y necesidades específicas. De esta forma, se pueden optimizar las interacciones entre los elementos del sistema y maximizar la productividad y la funcionalidad del espacio.

La zonificación se basa en la idea de que no todos los elementos del sistema requieren la misma cantidad de atención y trabajo. Se divide el espacio, asignando diferentes usos y actividades según su proximidad al área de mayor actividad humana. Estas zonas se organizan en función de la frecuencia de visita y de las necesidades específicas de los elementos que se encuentran en cada una. Asimismo, es importante considerar las interacciones entre los elementos del sistema.

Integración de elementos y funciones

La permacultura se basa en la premisa de que los elementos del sistema pueden interactuar y beneficiarse mutuamente, creando sistemas más resilientes y productivos. La integración de elementos y funciones busca crear conexiones y sinergias entre los diferentes componentes del sistema.

Un ejemplo destacado es la integración de elementos es el diseño de huertos policultivos. En lugar de cultivar un solo tipo de planta en grandes extensiones, se combinan diferentes cultivos que se benefician mutuamente. Se pueden utilizar técnicas como la asociación de cultivos, donde se plantan especies que tienen relaciones positivas, como el maíz, los frijoles y las calabazas (las famosas “Tres Hermanas”). El maíz proporciona soporte vertical para los frijoles trepadores, mientras que las calabazas cubren el suelo, evitando el crecimiento de malezas y mejorando la retención de humedad. Esta combinación de cultivos crea un sistema equilibrado, donde cada planta desempeña un papel específico y contribuye al éxito del conjunto.

Ciclos y reciclaje de nutrientes

El reciclaje de nutrientes comienza con la comprensión de que los residuos orgánicos no son simplemente desperdicios, sino valiosos recursos que pueden ser transformados en nutrientes para el suelo. Mediante el compostaje, la lombricultura y el uso de cultivos de cobertura, se puede cerrar el ciclo de nutrientes de manera eficiente y beneficiosa.

El reciclaje de nutrientes en la permacultura no solo ayuda a mantener la fertilidad del suelo, sino que también reduce la dependencia de fertilizantes químicos, evita la contaminación de las aguas subterráneas y disminuye la generación de residuos. Además, al cerrar los ciclos de nutrientes, se crea un sistema más autosuficiente y resiliente, donde los recursos se utilizan de manera eficiente y se aprovechan al máximo.

Uso de bordes y elementos de transición

En la permacultura, se reconoce que los bordes, esos espacios de transición entre diferentes ecosistemas, son áreas de gran productividad y biodiversidad. Son lugares donde se encuentran y entrelazan diferentes condiciones ambientales, creando oportunidades para maximizar la interacción y el aprovechamiento de recursos.

Aquí hay cinco tipos, relevantes en diferentes escalas territoriales y entornos, que pueden resultar interesantes:

  1. Borde natural: Se refiere a la zona donde dos ecosistemas naturales diferentes se encuentran, como una costa o una franja entre un bosque y un prado. Estos bordes suelen ser ricos en biodiversidad y ofrecen oportunidades para la interacción entre diferentes especies y hábitats.
  2. Borde de jardín: En el contexto de un jardín permacultural, los bordes son áreas donde los elementos del diseño se encuentran, como las áreas de transición entre camas de cultivo o entre diferentes zonas funcionales. Estos bordes pueden fomentar la diversidad, la interacción de polinizadores y la protección contra plagas.
  3. Borde urbano-rural: Este tipo de borde se encuentra en la interfaz entre áreas urbanas y rurales. Puede ser un espacio de transición donde se integran elementos de la permacultura tanto en zonas urbanas como rurales, como huertos urbanos, granjas comunitarias o corredores verdes en la periferia de las ciudades.
  4. Borde en sistemas acuáticos: Los bordes en sistemas acuáticos, como estanques, ríos o humedales, son áreas de transición entre el agua y la tierra. Estos bordes pueden ser lugares ideales para la creación de hábitats acuáticos, la plantación de especies acuáticas comestibles o la implementación de técnicas de filtración natural del agua.
  5. Borde social y comunitario: Este tipo de borde se refiere a la interfaz entre diferentes comunidades, grupos de interés o sectores de la sociedad. En la permacultura, se fomenta la colaboración y el intercambio de conocimientos en estos bordes sociales y comunitarios, creando espacios para la creación de redes, la construcción de alianzas y la resolución de problemas colectivos.

Aplicación de tecnologías apropiadas

La permacultura no solo se basa en principios éticos y diseños inteligentes, sino también en la aplicación de tecnologías apropiadas que sean sencillas, accesibles y respetuosas con el medio ambiente. Estas buscan mejorar la eficiencia y la productividad de los sistemas, al tiempo que minimizan el impacto negativo en los recursos naturales.

La captación de agua de lluvia y el uso de energía renovable son dos tecnologías apropiadas que destacan, pero hay numerosas opciones adicionales disponibles para su aplicación. Algunos ejemplos incluyen el uso de sistemas de riego por goteo o riego por capilaridad, que son más eficientes y reducen el desperdicio de agua; la construcción de invernaderos pasivos que aprovechan la energía solar para mantener una temperatura adecuada; el uso de técnicas de construcción natural, como la utilización de materiales locales y técnicas de diseño bioclimático en la construcción de viviendas sostenibles.

Evaluación y adaptación continua

La naturaleza está en constante cambio, al igual que nuestras necesidades y circunstancias, por lo que es crucial realizar un seguimiento y evaluación periódica de los sistemas permaculturales para asegurar su eficiencia y resiliencia. Esto nos permite identificar qué aspectos de nuestro sistema están funcionando de manera efectiva y cuáles podrían mejorarse. Nos brinda la oportunidad de observar y comprender cómo los diferentes elementos interactúan entre sí y con el entorno, y cómo estos sistemas pueden adaptarse a los cambios ambientales, sociales o económicos.

Una vez que hemos realizado la evaluación, es importante estar dispuestos a realizar adaptaciones y ajustes en nuestro sistema. Esto implica estar abiertos a nuevas ideas, experimentar con diferentes enfoques y tener la flexibilidad para responder a los cambios y desafíos que puedan surgir. Puede implicar la incorporación de nuevas técnicas o tecnologías apropiadas, la reorganización de elementos o incluso la reconstrucción de áreas completas del sistema.

En conclusión, la permacultura se revela como una filosofía y enfoque de diseño versátil y adaptable, capaz de encontrar su aplicación en una amplia gama de proyectos. Desde la agricultura y la arquitectura hasta la gestión de recursos y la vida comunitaria, la permacultura ofrece un marco ético y práctico para crear sistemas sostenibles y resilientes.

Su belleza radica en su capacidad para trascender las limitaciones convencionales y abrazar la interconexión de todos los aspectos de la vida. Sus principios éticos de cuidado de la Tierra, cuidado de las personas y reparto justo de los excedentes son relevantes y aplicables en cualquier contexto. Ya sea que estemos diseñando un jardín comunitario, planificando una vivienda ecoeficiente o impulsando un proyecto de desarrollo sostenible, la permacultura nos invita a considerar el impacto de nuestras decisiones en el entorno natural, en la sociedad y en nosotros mismos. Nos desafía a pensar en sistemas integrados, en la conservación de recursos, en la equidad y en la colaboración.

La permacultura nos recuerda que somos parte de la naturaleza y que nuestras acciones pueden ser regenerativas y benéficas para todos los seres vivos. Al adoptar esta filosofía, podemos transformar nuestros proyectos en oportunidades para crear un mundo más sustentable, en armonía con el medio ambiente y en beneficio de las generaciones futuras.

Bibliografía 

  • Aranya. (2012). Permaculture Design: A Step by Step Guide.
  • Bioguía. (s.f.). Permacultura. Recuperado de https://www.bioguia.com/ambiente/permacultura_29281718.html
  • Bloom, J., Boehnlein, D., Kearsley, P. (Ilustrador), López López, F., Soler Chic, J. (Traductor). (2017). Permacultura práctica: Para tu terreno, tu comunidad y todo el planeta: 24 (Guías para la Fertilidad de la Tierra).
  • Fundación Aquae. (s.f.). ¿Qué es permacultura? Recuperado de https://www.fundacionaquae.org/wiki/que-es-permacultura/
  • Holmgren, D. (2021). Permacultura: Principios y senderos más allá de la sustentabilidad.
AUTOR: Candela Brizuela Montenegro, Specialist BIM en EADIC – BIM Consulting & Solutions

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