El informe anual de WWF España sobre incendios extremos alerta de que el modelo de lucha contra el fuego ha tocado fondo. En 2025, el peor año del siglo con 355.000 hectáreas arrasadas y ocho fallecidos, el 90% de la superficie quemada se concentró en apenas dos semanas, saturando los dispositivos de extinción y forzando la evacuación de unas 42.000 personas. La organización reclama un cambio de estrategia urgente que priorice la prevención sobre la extinción.
Un modelo desbordado por el nuevo contexto climático
El informe Incendios extremos: el reto de adaptar el territorio documenta cómo la combinación de olas de calor extremas, sequía y abandono rural está generando paisajes cada vez más vulnerables a incendios más severos, extensos y difíciles de controlar. El noroeste peninsular concentró el impacto más grave: Galicia y Castilla y León registraron 32 grandes incendios que representaron el 75% de la superficie afectada a nivel nacional.
El diagnóstico de WWF sobre el modelo actual es contundente: el 78% de los recursos se dedica a extinción y apenas el 12% a prevención y adaptación del paisaje. Para la organización, esta distribución refleja una estrategia reactiva que resulta ineficaz ante incendios que, por su intensidad y velocidad de propagación, superan la capacidad de respuesta de los dispositivos de extinción.
El 95% de los incendios tiene causas humanas
Según los datos recogidos por WWF, el 95% de los incendios forestales en España tienen origen humano fundamentalmente actividades rurales frente al 5% provocado por rayos. Sin embargo, más del 60% de los incendios no llegan a esclarecerse, según datos del SEPRONA, lo que dificulta tanto la investigación como la aplicación de sanciones y la identificación de patrones de causalidad.
La organización señala como causas estructurales la falta de inversión en prevención, el abandono de los usos agroforestales tradicionales —ganadería extensiva, agricultura, la inacción política y la desinformación en redes sociales y medios de comunicación, que entorpece la búsqueda de soluciones reales.
Un plan de acción basado en la prevención y la gestión del territorio
WWF reclama un cambio de estrategia que vaya más allá de la extinción y aborde la gestión integral de los territorios. Sus propuestas incluyen aumentar la inversión en prevención y gestión adaptativa con atención específica a zonas de alto riesgo, recuperar los usos agroforestales tradicionales y la restauración ecológica para diseñar paisajes menos vulnerables, blindar la interfaz urbano-forestal con planes de autoprotección e impulsar un ambicioso Plan Nacional de Restauración Ecológica.
La organización propone también articular una financiación basada en el principio de “quien contamina paga, quien conserva recibe”, mejorar la eficacia en la investigación de causas y la aplicación de sanciones, y establecer una evaluación homogénea y periódica de las intervenciones para garantizar su cumplimiento.
El mensaje central del informe apunta a que sin un pacto político sólido y medidas coordinadas a nivel nacional y autonómico, los incendios extremos dejarán de ser la excepción para convertirse en la norma, comprometiendo el futuro de los bosques, la biodiversidad y la vida en el medio rural.
