La cadena de valor de la eólica marina se reunió en Madrid para trazar el mapa de oportunidades de España ante una tecnología que ha dejado de ser experimental. El diagnóstico fue unánime: el país tiene industria, puertos, talento y tecnología para liderar la eólica flotante en Europa, pero sin una subasta que active el mercado, fabricantes y promotores no tomarán decisiones de inversión de gran escala. El anuncio reciente de la ministra Sara Aagesen sobre la viabilidad de convocar la primera subasta este año fue recibido como el espaldarazo definitivo.
España, en posición de salida pero esperando el pistoletazo
Oliverio Álvarez, socio responsable de Energía de Deloitte y moderador de la primera mesa, contextualizó el salto de escala del sector: de once turbinas de menos de un megavatio en los primeros parques de los años noventa a máquinas treinta veces más grandes y más de 90 GW instalados globalmente. Antonio Sánchez, director comercial de Navantia Seanergies, fue tajante sobre la posición española: “España es el país del mundo que más unidades flotantes ha puesto”. La capacidad acumulada en proyectos como Wikinger y la experiencia en fabricación de pilotes, subestaciones y estructuras de celosía que ya no se producen en el resto de Europa sitúan a la industria nacional en una posición singular.
David Carrascosa, CEO de Saitec Offshore, señaló que la ausencia de plataforma continental obliga a España a apostar casi exclusivamente por la tecnología flotante, lo que añade retos pero también oportunidades. “Nuestra climatología menos adversa ayuda a la construcción”, indicó, y destacó que los 212 millones de euros invertidos en infraestructura portuaria permitirán contar con calados de 20 metros a pie de muelle, superando las condiciones de competidores como el Reino Unido.
Miguel Zorita, presidente de Zima Equity Investments, aportó la perspectiva inversora: tras las subastas fallidas en Europa por desajuste de costes, el mercado reclama estabilidad. La reciente adjudicación de 20 GW en Europa 1,2 de eólica flotante y la previsión de fuerte demanda a partir de 2028 refuerzan el argumento, pero Zorita fue directo: “Hay que acelerar las subastas de energía para crear un mercado local”.
Asturias como punta de lanza industrial
La segunda mesa, moderada por Marta González Gil de DNV, puso el foco en las capacidades específicas del norte peninsular. Carlos García, director general de la Fundación Asturiana de la Energía (FAEN), resumió la posición de partida: “Desde el punto de vista industrial somos capaces de competir en cualquier mercado y ya lo estamos haciendo”. La confluencia de astilleros, siderurgia, talento universitario y puertos estratégicos en la cornisa cantábrica crea un ecosistema industrial que pocas regiones europeas pueden replicar.
Carlos Paniceres, presidente de la Cámara de Comercio de Oviedo, advirtió del riesgo de quedarse atrás: “Si los tiempos de la administración o la política no acompañan, se puede perder el tren de oportunidades económicas”. Ramón Muñoz-Calero, director de la Autoridad Portuaria de Avilés, lo formuló en términos de competencia internacional: “La industria asturiana está preparada para pensar en internacional y batallar para que lo que se instale frente a nuestras costas sea desarrollado en España”.
Juan Carlos Campo, viceconsejero de Industria del Gobierno de Asturias, alertó sobre el nuevo contexto energético: Occidente ha entrado en un escenario donde la electricidad se ha vuelto un bien escaso por la intensa electrificación de la demanda, lo que convierte a la eólica marina en infraestructura estratégica y no solo en opción renovable.
La subasta como detonador de toda la cadena
Juan Virgilio Márquez, CEO de la Asociación Empresarial Eólica (AEE), fue el más directo en la tercera mesa sobre el papel del Estado: “Los mercados de eólica marina se crean por los gobiernos, que deciden cuánta, dónde y cuándo”. Sin una subasta que defina volumen y calendario, los promotores no asumen riesgos y los fabricantes no invierten en ampliar plantas. Manuel Fernández, de OW Ocean Winds, añadió que la tecnología flotante ya es comercialmente apta para concursos inmediatos, pero que la subasta es una “carrera de relevos” que exige exponer borradores y órdenes ministeriales antes de convocarla.
Lucas Gómez Fontecha, de Iberdrola, reclamó un calendario multianual estable y atribuyó el retraso global en los objetivos para 2030 a las dificultades gubernamentales para madurar todo el ecosistema. Javier Torrijos, de Envision Energy, coincidió: la subasta es el hito que da visibilidad y permite a los proveedores anticipar las inversiones fabriles multimillonarias necesarias.
El respaldo institucional: 521 millones en tres programas
El presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, enmarcó la eólica marina en el “resurgir industrial de Asturias” y la vinculó al Plan Estratégico Puerto de Avilés 2040. Miguel Rodrigo, director general del IDAE, desglosó las líneas de inversión pública en marcha: 212 millones del programa Porteo Elmar para adecuar cinco puertos estratégicos —incluyendo Gijón y A Coruña-Ferrol—, 162 millones de Renoval 2 y 147 millones de REMMarinas Demos para plataformas de ensayo. Los tres programas suman 521 millones orientados a blindar la cadena de valor nacional.
Ambos coincidieron con el sector empresarial: el lanzamiento de la primera subasta flotante este año es la señal que falta para que las inversiones privadas se materialicen a la escala que la oportunidad requiere.
