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Las tormentas de arena y polvo generan pérdidas de 13.000 millones de dólares anuales y amenazan a 2.000 millones de personas

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Ayer 12 de julio se celebró el Día Internacional de la Lucha contra las Tormentas de Arena y Polvo, una efeméride que este año puso el foco en la relación entre estos fenómenos extremos y el cambio climático. La ONU alerta de que la desertificación, la deforestación y las prácticas agrícolas insostenibles amplían las fuentes emisoras de polvo, con consecuencias directas para la salud, la seguridad alimentaria y las infraestructuras en regiones que van mucho más allá de los desiertos tradicionales. Las pérdidas económicas asociadas superan los 13.000 millones de dólares anuales y el fenómeno afecta a más de 2.000 millones de personas en todo el mundo.

Un problema que va más allá del desierto

Las tormentas de arena y polvo no son un fenómeno exclusivo de las zonas áridas. Aunque el Sahara, el desierto de Gobi y otras grandes masas desérticas son sus principales fuentes, la degradación de suelos agrícolas, la deforestación y la gestión inadecuada del agua generan nuevas fuentes emisoras en regiones que hasta hace pocas décadas no estaban expuestas a este riesgo.

La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) estima que estos fenómenos afectan a más de 2.000 millones de personas en todo el mundo y generan pérdidas económicas superiores a 13.000 millones de dólares anuales. Las regiones más vulnerables incluyen el Sahel africano, Oriente Medio, Asia Central y partes de América Latina y el Caribe, pero los efectos transfronterizos las partículas de polvo pueden viajar miles de kilómetros convierten el fenómeno en un problema global.

Cambio climático y degradación del suelo, un círculo que se retroalimenta

El cambio climático intensifica las tormentas de polvo a través de dos mecanismos principales. El primero es el aumento de las temperaturas y las sequías, que reduces la cobertura vegetal y dejan el suelo expuesto a la erosión eólica. El segundo es la alteración de los patrones de viento, que puede aumentar la frecuencia e intensidad de estos episodios en determinadas regiones.

A su vez, las tormentas de polvo agravan el cambio climático. El polvo mineral en la atmósfera interactúa con la radiación solar, alterando los patrones de temperatura y precipitación. Cuando se deposita sobre la nieve o el hielo polar, reduce su capacidad de reflexión el albedo y acelera su fusión, con efectos sobre el nivel del mar y los recursos hídricos de las regiones montañosas.

La deforestación, las prácticas agrícolas que degradan la cubierta vegetal, la sobreexplotación de los acuíferos y la gestión insostenible de los pastizales amplían progresivamente las superficies de suelo desnudo susceptibles de convertirse en fuentes de polvo. La CNULD señala que revertir esa tendencia requiere tanto políticas de uso del suelo más estrictas como inversión en restauración de ecosistemas degradados.

Impactos en salud, agricultura e infraestructuras

Las consecuencias de las tormentas de polvo se despliegan en múltiples dimensiones. En salud, las partículas finas —especialmente las de diámetro inferior a 2,5 micrómetros— penetran en el sistema respiratorio y cardiovascular, agravando enfermedades preexistentes y aumentando la mortalidad en las poblaciones más expuestas. El polvo puede transportar además patógenos, hongos y contaminantes químicos que amplían sus efectos sanitarios más allá del impacto mecánico.

En agricultura, el depósito de partículas reduce la fotosíntesis, daña los cultivos y deteriora la calidad de los suelos en las zonas receptoras. La erosión eólica en las zonas emisoras, por su parte, elimina la capa fértil del suelo, comprometiendo su productividad a largo plazo. En infraestructuras, las tormentas de polvo interrumpen el transporte aéreo y terrestre, dañan los equipos de energía solar y eólica y generan costes de mantenimiento significativos en los países afectados.

Sistemas de alerta y cooperación regional

La ONU impulsa el desarrollo de sistemas de alerta temprana para tormentas de polvo como parte de su compromiso de que todos los países dispongan de cobertura de alerta ante fenómenos extremos para 2027. La cooperación regional es esencial para la eficacia de estos sistemas, dado el carácter transfronterizo del fenómeno: el polvo emitido en el Sahara puede alcanzar Europa, América o el Caribe en cuestión de días.

Para las empresas con operaciones o cadenas de suministro en regiones expuestas, las tormentas de polvo representan un riesgo físico climático creciente que empieza a incorporarse a los análisis de materialidad y a los marcos de reporte bajo la CSRD. La degradación de suelos y la desertificación también están incluidas en los estándares ESRS como áreas de impacto ambiental que las empresas deberán evaluar y reportar en sus memorias de sostenibilidad.


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