En pleno casco histórico de Valladolid, entre las calles Santuario y Enrique IV, un palacio renacentista del siglo XVI ha sido rehabilitado para convertirse en el primer piloto español de lo que la Unión Europea denomina “edificio de energía positiva”: un inmueble capaz de producir, a lo largo de un año, más energía renovable de la que consumen sus ocupantes. El proyecto, conocido como Casa Palacio de los Miranda, combina paneles fotovoltaicos integrados en la envolvente, aerotermia y gestión inteligente del consumo, y forma parte de una iniciativa europea que busca demostrar que hasta los edificios protegidos por su valor patrimonial pueden alcanzar ese estándar.
Qué es un edificio de energía positiva
Un edificio de energía positiva (conocido por sus siglas en inglés, PEB) es aquel que, gracias a una alta eficiencia energética combinada con generación renovable propia, produce a lo largo de un año más energía de la que demanda para climatización, agua caliente, iluminación y otros usos. La diferencia respecto a un edificio simplemente “eficiente” o de consumo casi nulo (nZEB, el estándar que exige la normativa europea desde 2021) es que el de energía positiva no se limita a reducir su demanda: genera un excedente que puede almacenarse, compartirse con otros usos como la carga de vehículos eléctricos o verterse a la red.
Conviene matizar algo importante: se trata de un concepto todavía sin una regulación armonizada a nivel europeo, a diferencia del nZEB, que sí está definido en la normativa comunitaria. Eso significa que distintos proyectos pueden reclamar el título de “pionero” según qué criterio empleen tipo de edificio, uso residencial u otro, o si se trata de nueva construcción o rehabilitación de patrimonio.

El caso del Palacio de los Miranda
La Casa Palacio de los Miranda es precisamente un caso singular dentro de esa carrera: no se trata de un edificio de nueva planta diseñado desde cero para maximizar su producción solar, sino de una rehabilitación patrimonial. El edificio, que mantiene su fachada histórica y su patio de estilo toscano, forma parte del proyecto europeo EXCESS (siglas de FleXible user-CEntric Energy poSitive houseS), financiado por el programa Horizonte 2020 de la Unión Europea, en el que han participado 21 socios de ocho países.
EXCESS seleccionó cuatro edificios piloto en cuatro zonas climáticas distintas de Europa nórdica, continental, oceánica y mediterránea, para demostrar que el salto de edificio de consumo casi nulo a edificio de energía positiva es posible en climas y tipologías constructivas muy diferentes. Valladolid fue elegida como el piloto mediterráneo, aprovechando el alto recurso solar disponible en gran parte de España.
Técnicamente, la intervención combina varios elementos:
- Integración fotovoltaica en la envolvente: paneles solares no solo en cubierta, sino incorporados a fachada, lo que en el sector se conoce como BIPV (Building Integrated Photovoltaics): sistemas fotovoltaicos que sustituyen o se integran en elementos constructivos fachada, cubierta en lugar de añadirse como un elemento sobrepuesto.
- Aerotermia: bombas de calor que extraen energía térmica del aire exterior para climatización y agua caliente, con un consumo eléctrico muy inferior al de sistemas convencionales.
- Autoconsumo colectivo: un modelo en el que la electricidad generada por una instalación común en este caso, la fotovoltaica del edificio se reparte entre varios usuarios, en este caso los distintos apartamentos en los que se ha dividido el palacio, además de dos puntos de recarga para vehículos eléctricos.
- Mejora de la envolvente térmica: el conjunto de elementos constructivos (muros, cubierta, huecos) que separan el interior climatizado del exterior. Cuanto mejor aislada está la envolvente, menos energía hace falta para mantener el confort, lo que resulta especialmente exigente en un edificio protegido, donde no siempre se puede intervenir libremente sobre fachadas o cubiertas originales.
- Gestión inteligente centrada en el usuario: un sistema de control integrado que equilibra en tiempo real generación, consumo y reparto de excedentes, almacenando en batería la energía no utilizada de forma inmediata.
El resultado, ya convertido en una promoción de nueve viviendas de entre 80 y 180 metros cuadrados, se comercializa desde comienzos de 2025 con un seguimiento continuo del confort y la climatización de cada vivienda, diseñado para evitar el derroche energético y acercarse al consumo externo cero.
No es el único caso español
El de Valladolid no es la única experiencia española en esta línea, aunque sí la más singular por tratarse de patrimonio histórico. En el barrio de Lezkairu, en Pamplona, la promotora Construcciones Domeño ha desarrollado bloques de vivienda nueva bajo estándar de energía positiva, con instalaciones fotovoltaicas de varios cientos de paneles orientados e inclinados para maximizar la producción a lo largo del año, dimensionadas para cubrir calefacción, agua caliente sanitaria y consumo de zonas comunes. A diferencia del Palacio de los Miranda, se trata de obra nueva, sin las limitaciones que impone trabajar sobre un edificio protegido.
Esta coexistencia de proyectos es la razón por la que conviene tomar la etiqueta de “primero” con cierta cautela periodística: probablemente sea más preciso decir que el Palacio de los Miranda es el primer piloto español de rehabilitación patrimonial certificado bajo el marco EXCESS, mientras que otros edificios de nueva construcción han alcanzado balances energéticos similares por vías distintas.

Más allá de quién ostente formalmente el título de “primero”, el valor real del Palacio de los Miranda está en lo que demuestra: que ni siquiera un edificio protegido del siglo XVI, con las restricciones que impone conservar su fachada y su patio original, es una barrera insalvable para alcanzar un balance energético positivo. Si la fórmula fotovoltaica integrada, aerotermia, mejora de la envolvente y gestión inteligente del consumo logra replicarse en el amplio parque de edificios históricos que existe en los centros urbanos españoles, el impacto potencial es considerable: los edificios históricos representan más de un 30% del parque inmobiliario europeo. La pregunta pendiente ya no es tanto si es técnicamente posible, sino si el modelo puede escalar más allá de proyectos piloto financiados con fondos europeos.
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