
Hay momentos en los que se necesita soltar la cuerda que nos ancla al pasado para poder agarrar el cabo que nos lanza el futuro. Me vienen a la cabeza las imágenes del actor Johnny Weissmüller en el papel del mítico Tarzán, desplazándose por la selva de liana en liana. O de los trapecistas que se juegan la vida en las alturas del circo con sus acrobacias imposibles. No soltar un trapecio a tiempo para asir el otro significaría caer al vacío. Algo así, en el sentido figurado, es lo que le pasó a Kodak, la multinacional líder del sector fotográfico, cuando su resistencia al cambio que suponía dejar atrás la fotografía tradicional y abrazar la digitalización la abocó a perder su posicionamiento en el mercado.
La industria petrolera en la encrucijada energética
Actualmente, un sector que se encuentra en la encrucijada de reinventarse y transformar su legado para garantizar su futuro es la industria petrolera. A pesar de que todavía hoy cubre más de la mitad de las necesidades energéticas primarias del mundo y emplea a cerca de 12 millones de personas, su demanda caerá drásticamente en las próximas décadas, condicionada por la transición energética y la imposición global de alcanzar las cero emisiones de CO2 en 2050. Esto supondrá que, mediado el siglo, la demanda podrá caer hasta un 45% respecto al nivel actual. Ya en 2040, se estima que más de siete millones de barriles de crudo podrán quedar cada día fuera del circuito de consumo.
El talento como motor del cambio
Ante este escenario, ¿qué pueden, y deben hacer cuanto antes, estas compañías para reconducir sus estrategias y seguir siendo referentes en el sector energético? Inevitablemente, esto pasa por una transformación cultural total que va mucho más allá del modelo de negocio, que también tiene que cambiar. Necesitan acometer un cambio de perspectiva para superar los paradigmas mentales arraigados durante años en la industria del petróleo, y que se focalizan principalmente en los activos de producción, para avanzar hacia una mentalidad basada en el conocimiento y centrada en las personas, en el cliente, y en atender sus nuevas demandas.
Probablemente, ese consumidor del futuro tendrá múltiples opciones de abastecimiento, lo que obligará a estas empresas a competir de una forma diferente a lo que han hecho hasta ahora: no solo en el suministro, sino también en el servicio ofrecido, dejando de vender solo un tipo de energía para proporcionar un mejor uso de la energía procedente de diferentes fuentes.
Y también tendrán que competir por captar el mejor talento para hacer frente a los nuevos desafíos, para lo que deberán tener en cuenta que los profesionales del futuro, de la Generación Z y millennials, cada vez son más exigentes con las organizaciones para las que trabajan en lo que respecta a su compromiso con la sociedad y el medio ambiente. Quieren trabajar en una compañía que esté alineada con sus valores, y anteponen esto incluso al hecho de ganar más dinero, como recoge un reciente estudio realizado por LinkedIn.
Tecnología e innovación hacia un futuro sostenible
Por tanto, la industria petrolera tendrá que ser capaz de conectar con estas generaciones si quiere contar con los mejores profesionales, y una vez más, esto significa una transformación cultural a todos los niveles, orientada no solo a la eficiencia operativa; sus líderes tendrán que ser también capaces de abordar el impacto de sus operaciones en las comunidades locales y en el medio ambiente desde una actitud responsable y sostenible.
El cambio cultural es el primer paso, y no se consigue de un día para otro, sino que requiere un trabajo constante y de largo recorrido. Conseguido este, la tecnología y la innovación podrán acelerar significativamente el proceso de transformación hacia un futuro del sector más sostenible y eficiente.
