Un equipo internacional con participación del CSIC ha reconstruido la mayor secuencia continua de mercurio del Holoceno a partir de un testigo de hielo extraído en el noreste de Groenlandia. El hallazgo, publicado en Science Advances, sitúa el inicio de la huella humana sobre el ciclo del mercurio en la Edad del Bronce, mucho antes de la industrialización, con implicaciones directas para el cálculo de las emisiones acumuladas que sustenta el Convenio de Minamata.
Doce mil años de atmósfera congelada
El estudio se apoya en el sondeo del East Greenland Ice Core Project (EGRIP), con muestras que abarcan una profundidad de entre 14 y 1.254 metros. Cada capa de nieve atrapó las partículas que el viento arrastró hasta el Ártico, lo que permite leer año a año cómo ha variado la deposición de mercurio a lo largo del Holoceno completo. Ningún registro de hielo anterior había cubierto este periodo con tanto detalle.
La precisión analítica fue determinante: las mediciones se realizaron a niveles de partes por billón, con un protocolo de limpieza extremo para evitar contaminación de las muestras. Solo con esa precisión es posible separar el ruido de una señal real cuando se trabaja con cantidades tan minúsculas de metal.
La huella humana empieza en la Edad del Bronce
La conclusión principal rompe una idea muy asentada: la deposición de mercurio entró en varios periodos de aumento continuo durante casi dos milenios después de los primeros usos humanos del metal, coincidiendo con la Edad del Bronce, las primeras interacciones humanas cerca de zonas ricas en mercurio y la minería de oro y plata. Las mediciones continuas de los últimos 4.500 años muestran cambios bruscos que los autores atribuyen directamente a la actividad humana.
Hasta ahora se asumía que el impacto humano sobre el ciclo del mercurio era un fenómeno predominantemente moderno, vinculado a la industrialización. Este estudio desplaza ese origen varios milenios atrás, hasta el momento en que las primeras civilizaciones comenzaron a fundir minerales.
Separar lo natural de lo humano
El registro también captura los grandes vaivenes climáticos del Holoceno: el inicio del periodo, el evento frío de hace 8.200 años y la fase árida de hace 4.200 años, episodios que alteraron las fuentes naturales de mercurio. El reto metodológico central del equipo fue distinguir esas variaciones naturales de las inducidas por la actividad humana, para lo cual combinaron las mediciones del hielo con modelos de química atmosférica del mercurio.
En la firma del estudio figura el investigador del CSIC Alfonso Saiz-López, del Instituto de Química Física Blas Cabrera, junto a científicos de Canadá, Italia, Dinamarca y otros países. El mismo grupo había vinculado previamente el deshielo del Ártico con un repunte de las emisiones naturales de mercurio; este nuevo trabajo añade la dimensión de la huella humana en la prehistoria.
Por qué el pasado importa para la regulación futura
El mercurio es tóxico para el sistema nervioso y se acumula en la cadena alimentaria: en su forma de metilmercurio se concentra en los peces y llega al ser humano a través del consumo. El Ártico funciona como un gran sumidero de este metal, recibiendo partículas emitidas a miles de kilómetros de distancia y depositándolas sobre el hielo y los ecosistemas polares.
El hallazgo tiene una implicación regulatoria directa. Conocer cuánto mercurio liberó la humanidad en el pasado permite calcular con mayor precisión las emisiones totales acumuladas, un dato clave para la aplicación de tratados internacionales como el Convenio de Minamata, que busca reducir el uso y la emisión de mercurio a escala global. Un punto de partida más antiguo y un volumen acumulado mayor de lo estimado podrían influir en cómo se calibran los objetivos y los plazos de reducción bajo ese marco.
El riesgo del deshielo
El estudio llega en un momento en que el calentamiento global está reduciendo el hielo perenne del Ártico, lo que podría liberar a la atmósfera parte del mercurio almacenado durante siglos en esas masas de hielo. Si ese proceso se confirma a escala significativa, supondría una fuente de emisión adicional no contemplada en los modelos actuales de balance global del mercurio, con implicaciones para sectores que dependen de la trazabilidad de este metal en sus cadenas de suministro —electrónica, minería aurífera artesanal, sector salud— y para los compromisos de reducción asumidos por los países firmantes del Convenio de Minamata.
El testigo de hielo de Groenlandia confirma que la relación entre la actividad humana y el ciclo del mercurio es mucho más antigua de lo que indicaban los registros previos, y que el pasado remoto puede ser tan relevante como el futuro próximo para entender y gestionar este contaminante.
