Las fundaciones entidades del Tercer Sector, representantes más cercanos de la ciudadanía, juegan un papel muy importante en la sociedad realizando alianzas entre el sector público y privado que permiten llevar a cabo iniciativas que impactan notablemente en la vida de muchas personas, especialmente en los colectivos con más necesidades de apoyo. Estos programas no solo mejoran la calidad de vida de los grupos específicos a los que están dirigidos, sino que también aportan un valor adicional al entorno comunitario y social.
Con este objetivo Soluciones Verdes, un innovador servicio de Fundación Juan XXIII dedicado al diseño, instalación y mantenimiento de soluciones ecológicas en medios urbanos, ha puesto en marcha “The Inclusive Circular Lab, proyectos de innovación educativa y sostenibilidad”, una iniciativa de innovación educativa, social y medioambiental liderada por personas con discapacidad intelectual, expertos en agricultura, ecología y naturación urbana.
El objetivo de esta iniciativa es involucrar a centros escolares en un programa de economía circular y ciencia ciudadana, a través de proyectos de investigación y compostaje de residuos orgánicos en escuelas. Tan solo en su cuarta edición, que acaba de finalizar y que ha sido financiada por Lipoid, han sido siete los centros educativos participantes.
Con ello, han participado más de 4.300 alumnos y 340 docentes, lo que supone, en total, que esta edición del proyecto haya tenido más de 4.640 beneficiarios directos y 8.590 indirectos. No obstante, la totalidad del proyecto, en todas sus ediciones, actualmente cuenta con una Red de Escuelas Compostadoras formada por 37 entidades educativas, distribuidas en 9 municipios de la Comunidad de Madrid y suma un total de 26.189 personas beneficiarias directas y aproximadamente 51.768 indirectas (familias). Se busca que continúe ampliándose y extendiéndose en nuevas ediciones a diferentes centros educativos de toda España.
Diferentes ventajas para la innovación educativa y sostenibilidad
Este proyecto aúna sostenibilidad, educación e inclusión de personas con discapacidad en la sociedad y en el mercado laboral, pues promueve su participación en la ejecución directa de talleres y otras labores. De este modo, se contribuye al desarrollo de sus habilidades (soft skills), su empoderamiento en la sociedad, mejorando a la vez su calidad de vida.
En lo que al ámbito educativo respecta, además del valor social a nivel sensibilización que aporta la cercanía con trabajadores con discapacidad intelectual, lo cual rompe barreras y derriba múltiples prejuicios desde edades tempranas (ODS 8 y ODS 10), se consigue inculcar valores de sostenibilidad y cuidado del medioambiente. Pues, toda la comunidad escolar aprende cómo se desarrolla el proceso de transformación de residuos orgánicos en abono y lo aplican directamente como una alternativa ecológica y una solución ambiental para los residuos orgánicos generados tanto en el entorno escolar como en los hogares.
Los residuos orgánicos son el tipo de basura que más generamos (un 37%), pero no la que más reciclamos. En España sólo el 17% de los residuos orgánicos se composta, todo lo demás va a parar en los vertederos, generando un grave problema medioambiental. Con este programa, la comunidad educativa se involucra en un proyecto real de circularidad de residuos orgánicos, que tiene como resultado un valioso recurso para el cuidado de los huertos y zonas ajardinadas del propio centro, colaborando directamente en la lucha contra el cambio climático al evitar las emisiones y los impactos derivados de su gestión en los vertederos.
Resultados educativos
Durante el desarrollo de esta edición del proyecto, se han puesto en marcha nuevos espacios de compostaje y se han realizado diversas acciones como talleres de sensibilización, visitas técnicas a los centros, la creación de laboratorios online y webinars para formar a los propios docentes y alumnos, generando una comunidad de aprendizaje sostenible. En este sentido, ‘The Inclusive Circular Lab’ fomenta la Agenda Escolar 2030, mediante experiencias pilotos en centros educativos y el desarrollo de ecosistemas sostenibles que promueven la innovación y la ciencia ciudadana. Además es una herramienta que permite aprender contenidos teóricos del curriculum educativo de manera empírica a través de la vivencia directa: tales como ciencias biológicas, matemáticas, herramientas digitales entre otras, el programa de compostaje también resultó ser una herramienta para reforzar otras competencias y valores tales como el trabajo en equipo, la participación ciudadana, los hábitos alimentares saludables y la visibilidad de las necesidades y capacidades de las personas en situación de vulnerabilidad psicosocial.
En definitiva, este tipo de iniciativas tienen un papel fundamental para que podamos avanzar hacia una sociedad más sostenible e inclusiva con todas las personas. En este caso, a través de una alianza estratégica que engloba: inclusión ambiental, social y económica, transición ecológica justa, alfabetización ambiental, accesibilidad de la innovación y desarrollo y soluciones locales. Gracias a la colaboración del sector público y privado, este programa es gratuito para los centros educativos, que se puedan apuntar a través de la FUNDACIÓN JUAN XXIII.
