
La flor de sal de Colima es un tesoro natural poco conocido, y Xalte nació con la misión de compartirlo con el mundo de manera artesanal y sostenible. Sus fundadores, Santiago Ávalos, Diego Ávalos y Pablo Gómez vieron en la sal no solo un ingrediente esencial, sino una oportunidad para transformar el consumo hacia un modelo más consciente y responsable. En esta entrevista, nos cuentan cómo surgió el proyecto, los retos de producir de forma sostenible y el impacto positivo de Xalte en la salud, el medio ambiente y las comunidades locales.
Xalte nació con una misión muy clara. ¿Cómo surgió la idea de crear una empresa dedicada a la sal artesanal y sostenible?
Santiago: La idea surgió de la pasión que compartimos por la gastronomía y por la riqueza de México. La flor de sal de Colima es un tesoro poco conocido, y cuando vimos su potencial, supimos que queríamos llevarlo al mundo con un enfoque sostenible y artesanal. Nos sorprendió mucho descubrir que algo tan especial existiera en México y que ni los propios mexicanos lo conocieran. De ahí nace nuestro lema: el secreto de México.
Diego: Además, nos dimos cuenta de que el mercado estaba saturado de sales industriales sin historia ni respeto por el origen. Queríamos hacer algo diferente, algo con alma. La sal está presente en casi todo lo que comemos, pero pocas veces nos detenemos a pensar en su origen o en su impacto en la salud. Creemos que es muy importante generar conciencia sobre lo dañina que puede ser la sal industrial a largo plazo.
Pablo: Y también había un reto: cómo hacer un producto
sostenible, pero sin perder calidad ni autenticidad. Ahí empezó el viaje de Xalte. Estamos convencidos de que haciendo pequeños cambios en nuestra vida cotidiana, como elegir productos más naturales y responsables, podemos tener un impacto significativo en nuestro bienestar y en el futuro del planeta.
