La transición energética y digital que promueve la Unión Europea a través del plan Next Generation EU se enfrenta a importantes obstáculos. Así lo revela un estudio realizado por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que ha analizado 263 proyectos financiados por el PERTE de energías renovables, hidrógeno renovable y almacenamiento, uno de los más relevantes dentro del plan de recuperación español.
El informe, publicado en la revista Environmental Science & Policy, pone el foco en la desconexión entre digitalización y descarbonización. Pese a los esfuerzos políticos y económicos por avanzar hacia una economía más verde y tecnológica, la digitalización no está logrando reducir el uso de combustibles fósiles ni acelerar una transición energética efectiva.
La paradoja de una transición incompleta
“El concepto de doble transición —verde y digital— es una aspiración, pero en la práctica observamos que la digitalización no está ayudando a sustituir los combustibles fósiles por energías limpias”, explica Zora Kovacic, coautora del estudio e investigadora del TURBA Lab (Urban Transformation and Global Change Laboratory) de la UOC.
Según los resultados del análisis, en muchos casos la energía renovable se está sumando al consumo total sin reemplazar el uso de fuentes fósiles. Esta acumulación, lejos de impulsar una descarbonización estructural, perpetúa el modelo energético actual. Como ejemplo, Kovacic menciona el sector del transporte: “Tanto un motor a combustión como uno eléctrico pueden incorporar tecnologías digitales, pero eso no significa que se esté reduciendo el impacto medioambiental”.
Inversión récord sin impacto transformador
El PERTE de energías renovables, hidrógeno verde y almacenamiento ha movilizado más de 8.400 millones de euros hasta febrero de 2025, convirtiéndose en el de mayor dotación económica entre los proyectos estratégicos para la recuperación y transformación económica en España. Sin embargo, el estudio de la UOC advierte que esta inversión no está traduciéndose en un cambio de modelo energético.
La investigación cuestiona la premisa de que la tecnología digital, por sí sola, pueda ser la palanca del cambio ecológico. Aunque muchas de las iniciativas analizadas incluyen tecnologías como sensores, plataformas de datos o inteligencia artificial, su impacto real en la reducción de emisiones o en la sustitución de infraestructuras contaminantes sigue siendo limitado.
Un futuro sostenible requiere cambios estructurales
Los resultados del estudio invitan a repensar el enfoque de las políticas públicas. Para que la transición energética sea efectiva, debe ir más allá de la incorporación tecnológica. Requiere una transformación estructural que priorice la reducción del consumo energético, el abandono progresivo de los combustibles fósiles y el rediseño de los sistemas de producción y movilidad.
Desde el punto de vista académico, el análisis de la UOC pone de relieve la importancia de evaluar no solo el número de proyectos financiados ni su innovación tecnológica, sino también su impacto real en la sostenibilidad. “La digitalización puede ser una herramienta útil, pero no es suficiente. Necesitamos cambios más profundos si queremos alcanzar los objetivos del Pacto Verde Europeo”, concluye Kovacic.

