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Solo el 13% de las grandes multinacionales fija compromisos de biodiversidad

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Una investigación de la Universidad de Oxford y el Centro de Resiliencia de Estocolmo, publicada en One Earth, analiza las políticas de biodiversidad de 180 corporaciones transnacionales con alta influencia sobre los ecosistemas y concluye que el 79% tiene algún compromiso con la naturaleza, pero solo el 13% unas 23 empresas presenta objetivos con plazos, indicadores y ámbito geográfico suficientes para evaluar su cumplimiento. El sector petrolífero y la farmacia veterinaria concentran las mayores carencias; el cacao y la soja, los compromisos más sólidos.

El problema: compromisos sin cinco elementos básicos

Los investigadores establecen cinco requisitos mínimos para que un compromiso de biodiversidad pueda considerarse verificable: qué resultado persigue la empresa, dónde se aplicará, qué plazo se ha fijado, qué actuaciones se desarrollarán y cómo se medirá el progreso. Cuando alguno de estos elementos falta, resulta imposible determinar si la compañía está reduciendo su impacto real sobre los ecosistemas o si se limita a formular declaraciones generales.

El 89% de las 180 empresas analizadas cuenta con algún tipo de informe público. Sin embargo, ninguna ha elaborado un documento independiente dedicado exclusivamente a la protección de la biodiversidad. La existencia de un informe de sostenibilidad no garantiza que los compromisos ambientales sean concretos, medibles ni verificables.

Entre las compañías examinadas figuran ArcelorMittal, Bayer, BP, ExxonMobil, Holcim, McDonald’s, Nestlé, PepsiCo, Saudi Aramco, Shell, TotalEnergies y Unilever, entre otras, todas ellas con operaciones en sectores de alta incidencia sobre la biodiversidad: petróleo y gas, minería, cemento, fertilizantes, pesticidas, aceite de palma, papel, soja, cacao, café o medicamentos veterinarios.

Cacao y soja lideran; petróleo y veterinaria, a la cola

Las diferencias entre sectores son significativas. De las 23 empresas con al menos un objetivo que cumple todos los criterios, 18 pertenecen al ámbito agrícola. El sector del cacao destaca especialmente: las cinco compañías analizadas, responsables conjuntamente del 56% del procesamiento y la molienda mundial, habían adoptado compromisos de biodiversidad, y cuatro cumplían todos los criterios establecidos.

La situación es radicalmente distinta en petróleo y gas y en la industria farmacéutica veterinaria. De las diez compañías veterinarias examinadas, que representan el 81% del mercado mundial, cinco no habían publicado ningún compromiso relacionado con la biodiversidad. Entre las 13 empresas sin informes públicos localizados, seis pertenecían al sector petrolero.

Objetivos vagos y pruebas seleccionadas

El estudio identifica varios problemas recurrentes: objetivos ambiguos, conceptos mal definidos, ausencia de fechas, falta de indicadores comparables y utilización selectiva de estudios para justificar una ambición limitada. Uno de los casos analizados corresponde a una empresa agroquímica que recurrió a un informe que ella misma encargó para sostener que sus pesticidas no eran un factor principal en la reducción de las poblaciones de insectos.

Thomas White, investigador de Oxford, advierte que en la mayoría de los casos “no es posible conocer con precisión qué significan las promesas ni si las medidas adoptadas contribuyen a alcanzar los objetivos internacionales”. Su colega Sophus zu Ermgassen añade que los objetivos relevantes deben ir más allá de las obligaciones legales y estar acompañados por planes claros de ejecución.

El marco regulatorio que viene

Los investigadores atribuyen las deficiencias a la posible falta de alineación entre la protección de la naturaleza y los intereses comerciales, el temor al daño reputacional si los objetivos no se cumplen, la escasez de información sobre los impactos en las cadenas de suministro y la ausencia de criterios homogéneos para medir la biodiversidad, una variable más compleja y territorial que las emisiones de gases de efecto invernadero.

El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal establece en su Meta 15 que los países adopten medidas para que las grandes empresas evalúen y divulguen sus riesgos, dependencias e impactos sobre la biodiversidad, incluidas sus cadenas de suministro y carteras de inversión. En Europa, los estándares ESRS bajo la CSRD ya contemplan obligaciones de reporte sobre biodiversidad que empezarán a aplicarse de forma progresiva.

Los autores reclaman reforzar las obligaciones de información, impulsar la colaboración entre empresas y comunidad científica y desarrollar indicadores sectoriales comunes. Sin esas condiciones, advierten, inversores, administraciones y consumidores seguirán sin poder distinguir entre compromisos verificables y simples declaraciones de intenciones.


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