En los últimos años, las empresas han adoptado con entusiasmo la sostenibilidad y la responsabilidad social corporativa (RSC) como una parte esencial de sus estrategias corporativas. En este ímpetu por mostrarse responsables no podemos olvidarnos del componente esencial: la gobernanza. Como si de un engranaje de tres piezas se tratara, este criterio ejerce un efecto tractor que impulsa el movimiento al resto, mientras que, sin una estructura sólida de gobernanza, cualquier esfuerzo en sostenibilidad y RSC corre el riesgo de ser superficial, efímero o incluso contraproducente.
¿Qué es la gobernanza corporativa?
Cuando hablamos de gobernanza corporativa, no solo nos referimos al cumplimiento normativo o a la estructura del Consejo de Administración. La gobernanza integra la toma de decisiones estratégicas, la gestión de riesgos, la transparencia y la rendición de cuentas. Todos estos aspectos deben estar alineados con los objetivos del Plan Director de Sostenibilidad de la Compañía y bajo el paraguas del Código Ético. Solo así se puede garantizar que los valores y compromisos asumidos no sean solo eslóganes, sino principios que guíen cada acción empresarial, contribuyan a mantener la confianza y garantizar la transparencia.
Gobernanza y rigor
Teniendo en cuenta esta premisa, la adopción de políticas de sostenibilidad tiene que realizarse con rigor para evitar que haya una desconexión que conduzca a la empresa a promover iniciativas verdes cuando no tiene los mecanismos internos para monitorear su impacto real o para asegurar que se implementen de manera efectiva y ética, cayendo así en el temido greenwashing.
Aquí es donde entra el papel de la gobernanza. Sin una gobernanza adecuada es fácil caer en esta trampa, ya que faltan los sistemas internos para verificar la autenticidad de las iniciativas sostenibles. Además, la falta de medidas de gobernanza puede llevar a la ineficacia de las políticas de sostenibilidad estableciendo metas ambiciosas difíciles de medir o de cumplir, convirtiendo estos objetivos en meras declaraciones de intenciones sin un plan claro para alcanzarlas.
Gobernanza: Pilar fundamental de la sostenibilidad
Para que la sostenibilidad y la RSC sean realmente efectivas y la estrategia de ESG sea exitosa se debe optar por una gobernanza fuerte y coherente que se erija como garantía del buen funcionamiento de toda la estrategia corporativa. Lograrlo implica la puesta en marcha de una serie de medidas encuadradas por los cuatro pilares fundamentales que sostienen de forma transversal todo lo demás: una correcta estructura y funcionamiento de los órganos de gobierno; unos sólidos estándares éticos; un fuerte sistema de control y gestión de riesgos; y la máxima transparencia.
En primer lugar, es importante definir las responsabilidades de cada nivel de la organización, desde el Consejo de Administración hasta los empleados de primera línea, para que conozcan cuál es su papel en la implementación de políticas sostenibles sin olvidar una escucha activa que impulse el engagement y voting como formas de participación en las actuaciones empresariales. Realizar una formación al Consejo de Administración sobre sostenibilidad; difundir el Código Ético entre la plantilla; integrar el canal interno de información que incluya un canal de denuncias habilitado para cualquier grupo de interés; o generar una cultura de cumplimiento en toda la organización son algunas de las medidas que, por ejemplo, hemos adoptado dentro del Plan Director de Sostenibilidad de Cesce.
Sostenibilidad integrada en la estrategia general
Es común el error de tratar la sostenibilidad como si fuera un departamento aislado dentro del organigrama empresarial. Sin embargo, esta materia debe estar integrada en la estrategia general de la compañía y ser transversal. Las decisiones de inversión deben ir alineadas a la estrategia de gobernanza y el desarrollo de productos y operaciones deben tener en cuenta el impacto social y ambiental.
La transparencia es fundamental para alcanzar una buena gobernanza. En este sentido, es importante monitorear y reportar el progreso hacia las metas de sostenibilidad de manera regular para conocer el estado de los procesos.
Por otro lado, contar con un sistema robusto de gestión de riesgos y una correcta protección de los sistemas de información, con un adecuado y eficiente plan de ciberseguridad que asegure la privacidad y la seguridad de los datos, salvaguarda a la empresa de posibles crisis, mejora su resiliencia a largo plazo y contribuye a mantener y mejorar su reputación empresarial.
La sostenibilidad y la responsabilidad social corporativa son componentes vitales para el éxito empresarial en el siglo XXI. Sin embargo, está claro que para que estos esfuerzos sean positivos y duraderos, deben estar sustentados por una gobernanza sólida. Ignorar la importancia de la gobernanza es como construir una casa sobre cimientos inestables: tarde o temprano, los fallos estructurales se harán evidentes. Es por este motivo, que las empresas deben reconocer que la gobernanza no es un complemento de la sostenibilidad, sino su base esencial. Hacer bien la “G” de ESG es fundamental para gestionar la “E” y la “S”. Solo así se podrán crear estrategias sostenibles que sean verdaderamente eficaces y perdurables.
