La temperatura media global superó los 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales como promedio anual en 2024. Ese umbral, que el Acuerdo de París fijó como límite deseable, no se ha alcanzado todavía de forma sostenida a largo plazo, pero el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte en su último informe que es probable que ocurra en los próximos años. En el escenario más favorable evaluado, cumplimiento pleno de todos los compromisos climáticos nacionales y objetivos de cero emisiones netas, la temperatura global alcanzaría un máximo cercano a 1,8 °C. En ese contexto, Greenpeace exige este 24 de octubre, Día Internacional contra el Cambio Climático, medidas concretas para reducir emisiones, acelerar la transición energética y proteger los ecosistemas.
Lo que ya ocurre y lo que viene
La crisis climática no es un escenario futuro. Olas de calor extremas, incendios forestales, inundaciones y sequías afectan ya a comunidades de todo el mundo, ponen en riesgo los ecosistemas y generan pérdidas económicas crecientes. La evidencia científica establece que el calentamiento global, impulsado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de las actividades humanas, aumenta la probabilidad y la intensidad de estos fenómenos extremos.

El informe Limitar el sobrepaso: cómo navegar el exceso de 1,5 °C y las vías para retornar, publicado por el PNUMA, cuantifica lo que está en juego: cada fracción adicional de calentamiento incrementa los riesgos para la salud, la disponibilidad de agua, la seguridad alimentaria y la biodiversidad. Sin medidas eficaces de adaptación y mitigación, la producción mundial de alimentos podría reducirse hasta un 14% hacia 2050.
Dos frentes simultáneos: reducción de emisiones y adaptación
Greenpeace subraya que sobrepasar los 1,5 °C obliga a actuar en dos direcciones al mismo tiempo. La primera es la reducción urgente de emisiones mediante una transición energética que elimine la dependencia de los combustibles fósiles, con políticas, presupuestos y controles que garanticen los derechos laborales y territoriales. La segunda es la adaptación a los impactos que ya están ocurriendo, que incluye necesariamente la protección de los ecosistemas.
Bosques, glaciares, océanos y humedales no son solo activos naturales: son infraestructuras de resiliencia climática. Su degradación aumenta la vulnerabilidad de las comunidades frente al agua, la biodiversidad y la seguridad alimentaria. La detención de la deforestación y la protección de los ecosistemas deben formar parte de las estrategias climáticas, no como complemento opcional sino como condición necesaria para que la adaptación sea efectiva.
Lo que exige Greenpeace a los gobiernos
En este Día Internacional contra el Cambio Climático, Greenpeace reclama a los gobiernos medidas concretas en tres ámbitos: reducción de emisiones con objetivos verificables, avance en una transición energética justa que no deje atrás a los trabajadores ni a las comunidades dependientes de los combustibles fósiles, y detención de la deforestación y la degradación de ecosistemas. La organización advierte de que la adaptación no puede construirse sin la participación de quienes habitan los territorios, valorando sus conocimientos y garantizando su intervención en las decisiones que les afectan.
Cada fracción de grado que se logre evitar importa. Esa es la premisa central del Día Internacional contra el Cambio Climático: la urgencia no es futura, es presente.
