Julio Cordano, presidente del Comité Intergubernamental de Negociación sobre contaminación por plásticos, se mostró confiado en lograr un consenso en la próxima ronda negociadora, prevista para marzo de 2027. Las presiones de los países productores de petróleo han paralizado siete rondas de negociación desde que la ONU otorgó el mandato en 2022, y actualmente no existe ni siquiera un texto base común sobre el que negociar.
Cuatro años sin acuerdo
El Comité Intergubernamental de Negociación recibió en 2022 el mandato de la ONU para lograr un tratado que aborde la contaminación por plásticos en todo su ciclo de vida, incluida la contaminación del medio marino. Desde entonces se ha reunido siete veces en Punta del Este, Ottawa, Busan, París, Ginebra y Nairobi sin alcanzar consenso, bloqueado por las profundas divisiones entre países y la presión de los Estados productores de petróleo, para quienes una regulación estricta de la producción de plástico afecta directamente a su industria petroquímica.
Cordano, director de Medio Ambiente, Cambio Climático y Océanos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile y presidente del comité desde febrero, reconoció en rueda de prensa que actualmente no existe “un único texto que pueda servir de punto de referencia” para las negociaciones. El objetivo inmediato es reagrupar posiciones y reactivar el debate sobre cuestiones sustantivas para elaborar un nuevo documento base.
Nairobi, epicentro de los preparativos
La próxima semana se reunirán de forma informal en Nairobi los jefes de delegación para continuar los preparativos de cara a la ronda de marzo de 2027. Cordano anticipó que la capital keniana podría volver a ser sede de esa ronda decisiva, aunque el escenario no está confirmado.
Un tratado deliberadamente acotado
Cordano expresó su preferencia por que el futuro tratado sea “compacto y lo más breve posible”, advirtiendo de que no resolverá todos los problemas de inmediato. Defendió la necesidad de que el texto contemple las diferencias entre países más y menos desarrollados, y entre países productores y consumidores de plástico, con flexibilidad suficiente para adaptarse a distintos contextos nacionales. Apostó además por que el acuerdo se alcance por consenso en lugar de por votación mayoritaria, una fórmula que facilita la adhesión pero que también ha sido uno de los factores que ha ralentizado el proceso hasta ahora.
Qué podría incluir el tratado
Las negociaciones, impulsadas por el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), buscan un acuerdo que cubra toda la cadena de producción, consumo y gestión de residuos de plástico. Entre las medidas que podría contemplar figuran la prohibición de plásticos de un solo uso, restricciones a productos químicos peligrosos asociados a su fabricación, el fomento de la economía circular y mecanismos de financiación para que los países en desarrollo puedan implementar las medidas del tratado.
El contexto científico que respalda la urgencia del acuerdo es cada vez más sólido: la contaminación por plásticos en los océanos ha alcanzado niveles alarmantes, y la evidencia sobre el impacto de los microplásticos en la salud humana crece de forma constante. Para empresas con cadenas de suministro que dependen de envases plásticos alimentación, cosmética, distribución, química el resultado de estas negociaciones determinará en los próximos años el marco regulatorio global al que deberán adaptarse, más allá de las normativas regionales como la europea ya en vigor.
