El Consejo de Ministros aprueba la Estrategia Deep Tech España, un marco coordinado por 13 ministerios que concentra casi el 80% de su presupuesto en trasladar la capacidad investigadora española al tejido empresarial. Energías limpias, biotecnología, computación cuántica y materiales avanzados son cuatro de las diez áreas estratégicas priorizadas.
Qué es la Estrategia y por qué ahora
El Gobierno define las deep tech como tecnologías que nacen de décadas de investigación científica y tienen capacidad de transformar en profundidad sectores económicos enteros. La inteligencia artificial, la biotecnología, las energías limpias o la computación cuántica son los ejemplos actuales; el GPS o Internet, los históricos. La Estrategia Deep Tech España, aprobada en Consejo de Ministros a iniciativa del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU) y del Ministerio para la Transformación Digital, fija el marco de política pública para impulsar estas tecnologías con un horizonte de 8.000 millones de euros movilizados hasta 2030.
La ministra Diana Morant lo formuló en términos de autonomía estratégica: “Queremos que lo que se descubre en España se desarrolle en España, se fabrique en España y genere salud, igualdad y empleo de calidad en España”. El diagnóstico implícito es que España tiene capacidad científica pero no siempre logra convertirla en industria, en empleo cualificado ni en empresas competitivas internacionalmente.
Diez áreas y tres ejes de actuación
La Estrategia cubre diez áreas tecnológicas: biotecnología y salud; tecnologías para la sostenibilidad y energías limpias; inteligencia artificial y datos; semiconductores avanzados; conectividad y navegación; robótica y sistemas autónomos; materiales avanzados, fabricación y reciclaje; tecnologías de detección; computación cuántica; y tecnologías espaciales.
Se articula en tres ejes. El primero refuerza las infraestructuras científicas de referencia, con ejemplos como el Spain Neurotech en Madrid, el acelerador IFMIFF-DONES en Granada, el Centro Ibérico de Investigación en Almacenamiento Energético en Cáceres o el Acelerador de Hadronterapia en Valencia, además del Barcelona Supercomputing Center como referente ya consolidado.
El segundo eje —que concentra casi el 80% del presupuesto— busca transformar la capacidad científica en tejido empresarial. Incluye el programa Deep Start, dotado inicialmente con 353 millones de euros para inversión especializada en deep tech. En ese marco, el CDTI ha formalizado ya una inversión de 74,7 millones de euros con el Fondo Europeo de Inversiones en el fondo Asabys Innvierte Tech Transfer, orientado a convertir investigación universitaria y hospitalaria en productos y tratamientos comercializables.
También se incluye en este eje el proyecto WISER, impulsado por el CIEMAT, el CDTI y Técnicas Reunidas, con una inversión prevista de 500 millones de euros para el desarrollo de fusión nuclear aplicada. Es uno de los proyectos de colaboración público-privada más ambiciosos del plan.
El tercer eje busca construir un ecosistema coordinado: eliminar barreras burocráticas, crear entornos regulatorios que permitan probar tecnologías de forma ágil y poner en marcha un Observatorio Nacional Deep Tech para conectar talento, investigación, empresas e infraestructuras.
El ángulo de sostenibilidad: energías limpias y materiales avanzados
Para el sector de la sostenibilidad empresarial, dos de las diez áreas estratégicas tienen especial relevancia. Las tecnologías para la sostenibilidad y energías limpias incluyen soluciones de almacenamiento energético —con el Centro Ibérico de Almacenamiento Energético como infraestructura de referencia— y tecnologías de descarbonización industrial. El área de materiales avanzados, fabricación y reciclaje conecta directamente con la economía circular y con la demanda de nuevos materiales para la transición energética.
La apuesta por la fusión nuclear a través de WISER añade un horizonte de largo plazo: si la tecnología madura en el calendario previsto, podría redefinir la generación de energía sin emisiones en las próximas décadas, aunque los plazos de comercialización de la fusión han sido históricamente más largos de lo proyectado.
La Estrategia requiere coordinación con comunidades autónomas, universidades, centros de investigación y la UE para su despliegue efectivo. La concentración del 80% del presupuesto en el eje de transferencia tecnológica al mercado sugiere que el Gobierno ha identificado ese eslabón —no la investigación básica, sino su conversión en industria— como el punto crítico del ecosistema español de innovación.
