Cada 15 de junio se celebra el Día Mundial del Viento, una jornada que pone el foco en el papel de la energía eólica dentro de la transición hacia sistemas energéticos más limpios. La electricidad generada a partir del viento no produce emisiones directas de CO₂ durante su funcionamiento, lo que la convierte en una de las tecnologías clave para sustituir progresivamente la generación basada en carbón, petróleo o gas natural.
Más allá del componente ambiental, el sector eólico tiene una dimensión económica relevante: la fabricación de aerogeneradores, el mantenimiento de infraestructuras y la investigación en nuevas soluciones energéticas generan empleo especializado y oportunidades de desarrollo tecnológico en los países con mayor despliegue de esta tecnología.
España se encuentra entre los países con mayor desarrollo eólico de Europa, con miles de aerogeneradores distribuidos por el territorio que contribuyen de forma significativa a la producción eléctrica nacional. El sector considera que el potencial de crecimiento sigue siendo elevado, tanto en nuevas instalaciones terrestres como en parques marinos y sistemas de almacenamiento energético.
La jornada también sirve para señalar los desafíos pendientes: modernizar las redes eléctricas, facilitar la integración de nuevas tecnologías renovables y avanzar en soluciones de almacenamiento que permitan aprovechar mejor la electricidad generada por el viento.
