El agua desempeña un papel fundamental en el crecimiento de la humanidad siendo el centro del desarrollo sostenible y un factor fundamental para el sector socioeconómico, la construcción de ecosistemas saludables y la supervivencia humana.
Hoy en día, el valor del agua ha aumentado de forma drástica debido al rápido crecimiento de la población, al acelerado aumento económico y a otros desafíos que afectan a los recursos naturales. Además, la importancia del valor del agua se ha visto reflejada también en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, dedicando el ODS 6 a la importancia del agua y su saneamiento para todos.
El agua es una prioridad como derecho humano a la vida, a la alimentación y a la construcción de un medioambiente saludable, por lo que los Estados deben garantizar y proteger este recurso para responder a las necesidades básicas de sus ciudadanos.
Por esa razón los gobiernos abogan por la creación de un sistema de planificación y gestión del agua que garantice el suministro en cantidad y en calidad suficiente, siendo fundamental para asegurar el eficaz desenvolvimiento de una sociedad, de su economía y a la vez ofrecer altos niveles de seguridad minimizando el riesgo de fallos en cualquiera de los componentes del sistema.
Además, los Gobiernos están llevando a cabo iniciativas ante la vulnerabilidad de la escasez del agua, como incitar a los ciudadanos de ejercer un uso responsable y ahorro de este recurso, así como el fomentar una agricultura eficiente, captar y almacenar el agua de la lluvia, desalar el agua del mar o favorecer el acceso al agua potable.
El agua: factor primordial en los Objetivos de Desarrollo Sostenible
El trabajo del Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento tiene un importante impacto en el avance hacia la Agenda 2030 y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. A día de hoy sigue siendo una realidad que millones de personas siguen sin agua potable, saneamiento o higiene. El ODS 6 va estrechamente relacionado con el agua buscando alcanzar una cobertura global para que se produzca un aumento del ritmo del progreso.
La gestión integrada de los recursos hídricos entre todos los sectores es fundamental para alcanzar las metas relacionadas con el agua de la mayoría de los Objetivos. Algunos casos donde se ve reflejada la importancia del agua es en el ODS 1, donde la pobreza es un factor de la degradación de los servicios de agua y saneamiento. En su relación con el ODS 2 el agua es clave para producir alimentos siendo uno de los aspectos centrales a la hora de diseñar una agricultura sostenible.
Así, un mejor servicio de agua potable y saneamiento incide de manera directa en la salud de la población (ODS3), tiene un impacto enorme en favorecer la igualdad de género (ODS 5), resulta fundamental para el funcionamiento adecuado de las escuelas (ODS4) y es imprescindible para poder construir ciudades sostenibles (ODS11).
Por otra parte, el acceso al agua y al saneamiento en el ámbito rural y periurbano contribuye a reducir las desigualdades (ODS 10); la gestión conjunta y adecuada de los recursos hídricos favorece la paz (ODS 16); y la Gestión Integral del Recurso Hídrico (que incluye la gestión adecuada de las cuencas) y la depuración de aguas son imprescindibles para lograr un medio ambiente sano y favorecer la adaptación al cambio climático (ODS 13).
¿Cómo lograr un desarrollo sostenible a partir del uso del agua?
El agua es un problema de primera línea para el mundo en general y básico para el desarrollo sostenible debido a que resulta vital a la hora de reducir la carga mundial de enfermedades para mejorar la salud, el bienestar y la productividad de las poblaciones, así como para la producción y la preservación de una serie de beneficios y servicios de los que gozan las personas.
Un buen modelo de gestión sostenible del agua es el que fomenta el ahorro de esta, que la regresa al medioambiente con la calidad adecuada y garantiza el suministro de la demanda por medio de fuentes alternativas. Por ello la sociedad debería esforzarse en mayor medida por utilizar mejor los recursos naturales existentes a la vez que se controla la demanda y se reducen las perdidas, logrando una mayor eficiencia en la gestión del agua.
Con el objetivo de garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua para todos, es importante maximizar el impacto a través de estrategias efectivas de conservación del agua.
Entre las conclusiones clave para el desarrollo sostenible se encuentran:
- Instalación de grifos, cabezales de ducha e inodoros de bajo flujo para minimizar el uso de agua en hogares e instalaciones públicas.
- Utilización de métodos de riego eficientes, como el riego por goteo o sistemas de riego inteligentes, en la agricultura para reducir el desperdicio de agua.
- Adoptar procesos y tecnologías industriales eficientes en el uso del agua para optimizar el consumo de agua en la manufactura y otras industrias.
- Invertir en mejoras de la infraestructura hídrica para minimizar las pérdidas durante el transporte y la distribución.
- Implementar mecanismos de tarificación del agua que reflejen el verdadero valor del agua, incentivando a los consumidores a reducir su consumo.
Maximizando los esfuerzos en la conservación del agua, se puede contribuir al desarrollo sostenible, asegurando un futuro mejor para las generaciones venideras.
