El 1 de enero Francia estrenó la Ley nº 2025-188, regulación que limita de forma drástica el uso de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, mejor conocidas como PFAS. La medida marca un punto de inflexión para la industria de productos de alto consumo -utensilios de cocina antiadherentes, determinados productos de limpieza, textiles técnicos- y, en particular para la cosmética -maquillajes de larga duración, máscaras waterproof, labiales de alta fijación, serums con efecto barrera, protectores solares resistentes al agua, productos capilares anti-frizz, entre muchos otros-. Con este paso, sin lugar a dudas, el país galo se sitúa a la delantera en la lucha por mejorar la regulación ambiental y sanitaria en Europa.
Los PFAS, conocidos como los “químicos eternos”, se caracterizan por su extrema persistencia. No se degradan con facilidad y tienen a acumularse en el medioambiente y en los organismos vivos durante varias décadas. Este factor temporal es el motor que ha intensificado la preocupación científica y social, frente a la salud como en los ecosistemas.
Límites de aplicación de los PFAS
La implementación de la normativa francesa no se limita a la venta final y tampoco plantea una prohibición total, sino de una “prohibición condicionada”, siempre que existan alternativas técnicas viables de reemplazo.
El enfoque busca reducir progresivamente la presencia de estas sustancias sin generar bloqueos frente a la producción, mientras se aceleran los procesos de reformulación e innovación. Por tanto, la regulación actúa sobre toda la cadena de valor, desde la creación de productos hasta la comercialización, lo que refuerza el papel de la sostenibilidad con criterio estructural.
Movilización social como impulso de prohibición
La dimensión social de esta norma es uno de sus elementos más llamativos. La Ley nº 2025-188 fue aprobada el 20 de febrero de 2025 tras una intensa movilización ciudadana, que solicitaba a los diputados franceses el respaldo de la prohibición. De este modo, la regulación de los PFAS dejó de ser un asunto estrictamente técnico para convertirse en una prioridad política.
La presión ciudadana estaba reforzada por la creciente evidencia científica sobre los riesgos ambientales y sanitarios asociados a la exposición prolongada a estos compuestos, especialmente en relación con la contaminación persistente de aguas y suelos y, su consecuente impacto en la población.
La regulación europea sobre PFAS y el papel de Francia
Aunque se trata de una ley nacional, su alcance va más allá de Francia. La prohibición llega en un momento de creciente presión sobre la Unión Europea para acelerar la eliminación de los PFAS en productos de consumo. En paralelo, la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) sigue evaluando restricciones más amplias en el marco del reglamento REACH (Registration, Evaluation, Authorisation and Restriction of Chemicals), lo que refuerza la decisión francesa como un movimiento anticipatorio.
En este contexto, la nueva norma establece un precedente jurídico muy relevante a escala comunitaria, al servir de referencia para futuras decisiones regulatorias en otros Estados miembros.
Impacto para la industria y el mercado español
Asociaciones como Cosmetics Europe han señalado la necesidad de avanzar hacia una armonización normativa que evite fragmentaciones en el mercado interior. Mientras que la ley obliga a revisar formulaciones, procesos de I+D y estrategias de aprovisionamiento.
En España no existe todavía una prohibición equivalente por parte de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), autoridad responsable de aplicar y supervisar el Reglamento (CE) nº 1223/2009, pero las consecuencias ya son inmediatas para las marcas con presencia o exportaciones a Francia. Así, anticiparse a estos cambios o actuar con agilidad se convierte en una ventaja competitiva diferencial, tanto desde el ámbito regulatorio como del posicionamiento comercial.
Un punto de inflexión para la cosmética europea
La entrada en vigor de la prohibición francesa reafirma el peso de la sostenibilidad como marco legal y criterio de mercado. Más allá de los PFAS, la decisión de Francia envía una señal clara a la industria cosmética europea sobre el rumbo regulatorio de los próximos años, definido por un contexto de consumidores cada vez más preocupados la composición y la huella ambiental de los productos que utilizan y consumen.

Autor: Mónica Núñez Luis
