La EFA (European Fashion Alliance) abre el año con la publicación del “Report on the Needs of the European Creativity-Driven Fashion Industry”, un documento que dará mucho de qué hablar en torno a cambios significativos del debate sobre la sostenibilidad y el futuro del sector de la moda en Europa. Lejos de las tendencias habituales a recapitular ideas en torno a materiales, innovación o compromisos ambientales, el informe plantea en siete bloques una cuestión más profunda: el principal límite del sector ya no es la falta de voluntad, sino la falta de estructura para sostener el cambio.
Dirigido a diversos perfiles de instituciones europeas, el documento insiste en la necesidad de reconocer la moda no solo como un sector de consumo, sino como una industria cultural y estratégica, con impacto económico, social, territorial y, por tanto, de amplio espectro frente a la sostenibilidad. En un contexto de creciente presión regulatoria y competencia global, la EFA propone revisar el marco de trabajo desde el que se está exigiendo la transición sostenible, como un punto de inflexión fundamental para poder seguir avanzando de manera sólida y coherente en el tiempo.
Cuando la sostenibilidad deja de ser un problema ético
Una de las aportaciones más relevantes de las 63 recomendaciones del informe es su diagnóstico sobre la situación a futuro de la sostenibilidad. Las conclusiones de la EFA en se han centrado en datos de pequeñas y medianas empresas. De los datos se desprende que parte del sector creativo europeo ya ha asumido compromisos ambientales, pero la falta de medios necesarios para convertirlos en prácticas operativas constituye el foco del problema.
El documento centra su atención carencias muy concretas: falta de herramientas técnicas poco accesibles, dificultades de financiación adaptadas a la realidad de pymes y diseñadores, falta de datos fiables y ausencia de acompañamiento estructural en el tiempo. Es especialmente significativo que el 88 % de las marcas afirma estar destinando recursos a la sostenibilidad, pero el 59 % reconoce no contar con las herramientas necesarias para llevarla a la práctica de forma eficaz. En este contexto, la sostenibilidad ha dejado de percibirse como un proceso de transición posible y se vive, en muchos casos, como una exigencia inmediata difícil de asumir.
El resultado no puede ser otro que una brecha creciente entre ambición y capacidad que penaliza de manera especial a la moda creativa y de autor, y que pone en cuestión la eficacia de un modelo basado únicamente en obligaciones normativas.
Sostenibilidad y competitividad: una tensión estructural
Como es de esperarse, el informe también conecta sostenibilidad y competitividad al alertar del desequilibrio entre dos aspectos de peso, como son la presión regulatoria que afrontan las marcas europeas y un mercado global dominado por el fast y ultra-fast fashion. Aquí, la EFA no cuestiona la necesidad de regulación ambiental y social, pero sí advierte del riesgo de aplicarla sin reforzar, al mismo tiempo, la capacidad del tejido productivo europeo.
La complejidad normativa y la velocidad de las nuevas exigencias -como el marco del ESPR (Ecodesign for Sustainable Products Regulation)- evidencian hasta qué punto la regulación avanza más rápido que la capacidad real del sector creativo para absorberla y aplicarla sin apoyo específico. Desde esta perspectiva, la sostenibilidad transita desde un objetivo ambiental al modelo económico, pero sin medidas que acompañen la transición, el riesgo viene definido por la pérdida de diversidad, innovación y valor cultural de la moda en su ecosistema europeo.
Producción, cadena de valor y pérdida de capacidades
Otro eje central del informe subraya la fragilidad de la cadena de valor europea. La deslocalización, la pérdida de oficios y la falta de relevo generacional han debilitado la base productiva del sector. Sin industria no puede haber sostenibilidad real ni coherencia entre discurso y práctica.
Esta fragilidad no es ajena a países como España, donde el alto valor creativo convive con una estructura productiva limitada y una fuerte dependencia exterior, una realidad señalada también por organizaciones como ACME (Asociación Creadores de Moda de España), participante en el informe. A ello se suma la dificultad para garantizar formación especializada y continuidad del saber hacer, elementos clave para una transición sostenible con arraigo territorial.
Una advertencia para 2026
El informe de la EFA abre varias preguntas: la sostenibilidad en la moda europea no parece frenarse por falta de discurso ni de convicción, sino por la ausencia de una estructura que la haga posible. Regulación y relato avanzan, pero lo hacen más rápido que la capacidad real del sector para adaptarse, situación que no es exclusiva de este sector. Si esa brecha no se corrige, el problema no será solo económico. Será la pérdida progresiva de tejido creativo, de oficios y de diversidad productiva. Y, con ello, de una parte esencial del valor cultural que ha definido históricamente a la moda europea.

Autora: Mónica Núñez Luis
