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El medio ambiente en la guerra de Ucrania, otra víctima más

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guerra ucraniaLa guerra en Ucrania está dejando un panorama de destrucción. Como en todas las guerras. Muertos, heridos. Edificios destruidos. Pero en esta guerra, como en todas las guerras, hay otra víctima, que es el medio ambiente.

“La guerra que vendrá / no es la primera. / Hubo otras guerras. / Al final de la última / hubo vencedores y vencidos. /Entre los vencidos, /el pueblo llano pasaba hambre. / Entre los vencedores / el pueblo llano la pasaba también”. Bertolt Brecht lo dejó escrito.

Guerra y degradación ambiental llevan vinculados muchos siglos. El derecho internacional prohíbe que se ataque el medio ambiente en los conflictos bélicos (como la destrucción de recursos naturales o el empleo de herbicidas). Pero cualquier ofensiva contra objetivos militares o civiles termina ocasionando daños ambientales.

Proteger el medio ambiente en la guerra de Ucrania

Siempre pierden los mismos. Quizá nadie gane finalmente al término de la guerra, pero el medio ambiente siempre es víctima de todos los conflictos bélicos. Es tal la amenaza para la conservación del planeta que en 2001 la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) declaró el 6 de noviembre Día Internacional para la prevención de la explotación del medio ambiente en la guerra y los conflictos armados.

En 2016, la Asamblea General aprobó una resolución que reconocía la importancia de los ecosistemas saludables y de los recursos naturales gestionados de manera sostenible para contribuir a reducir el riesgo de conflicto armado.

Un informe de la organización ecologista SEO Birdlife identifica las principales amenazas: la destrucción física y alteración de hábitats por el uso de armas, la contaminación tóxica por daños deliberados propios de las batallas, la contaminación radiológica, química o biotóxica; la destrucción física de hábitats y vida silvestre debido a la creciente presión humana causada por los movimientos masivos de refugiados (contaminación de las aguas, uso de madera como combustible, cacería de la vida silvestre); la quema de humedales y de la vegetación de los bosques como consecuencia de las luchas o por daños deliberados; y el empeoramiento de la desertificación por el uso de vehículos militares y armas y la extinción de especies o subespecies endémicas.

Amenaza para la biodiversidad del planeta

El Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) reseña que en las seis últimas décadas ha habido guerras en más de dos terceras partes de los principales puntos de biodiversidad del planeta. En este mismo periodo, al menos el 40% por ciento de los conflictos internos que se han producido en el mundo han estado relacionados con la explotación de los recursos naturales, por recursos de alto valor como la madera, los diamantes, el oro y el petróleo o por recursos escasos, como la tierra fértil o el agua.

Detallamos a continuación algunas de las consecuencias para el medio ambiente de los conflictos bélicos:

Agentes químicos. El Ejército de Estados Unidos roció con millones de litros de distintos herbicidas y exfoliantes amplias extensiones del sur de Vietnam durante la guerra (1961-1971). De todos los productos, el agente químico más empleado fue el denominado agente naranja. ¿Y cuál fue el motivo? La destrucción deliberada de los bosques para evitar que los soldados del Vietcong tuvieran cobertura para atacar a los estadounidenses. Estados Unidos también utilizó el napalm,  un incinerador instantáneo que quema lo que toca.

Peligro para los ecosistemas marinos. Durante las dos Guerras Mundiales, los distintos ejércitos arrojaron armamento al mar para evitar su reutilización por el bando enemigo. Esta acción provocó uno de los desastres ambientales más graves y además todavía persiste. Se calcula que solo en el fondo de los mares Norte y Báltico descansan 1,6 millones de toneladas de municiones. La munición y las armas en los océanos liberan compuestos tóxicos que amenazan la vida de los ecosistemas marinos. El Convenio de Oslo prohibió en 1972 esta práctica.

Deforestación. Las guerras destruyen inmensas superficies de bosque, como sucedió en Afganistán, donde décadas de conflicto han dejado la riqueza forestal reducida a la mitad. En algunas zonas se ha producido una deforestación de hasta el 95%. Durante el conflicto armado en Nepal (1996- 2006), hubo una explotación desmedida de recursos vegetales como hierbas medicinales, incluidas la yarsagumba y el chiraito, en parajes como el Parque Nacional Khaptad.

Incendio de pozos de petróleo. Los milicianos del grupo terrorista Estado Islámico prendieron fuego a los pozos de petróleo de Irak en 2017. Estos incendios producen la liberación de millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, lo que favorece el cambio climático. Además, el crudo fluye a su libre albedrío y los animales mueren.

Falta de abastecimiento de agua. Dramática situación que se produce sobre todo en la población civil, como demostró la guerra de Siria. Más de cinco millones de personas sufrieron cortes prolongados en el suministro de agua provocados de manera deliberada por los distintos bandos en contienda.

Destrucción de las marismas. En la década de los noventa, Sadam Hussein ordenó drenar las marismas de Mesopotamia, ecosistema de humedales en la confluencia de los ríos Tigris y Eufrates como respuesta a un levantamiento al sur de Irak. La consecuencia: una reducción a menos del 10% de su extensión original, con el consiguiente desastre para el hábitat de docenas de aves migratorias.

Pérdida de fauna. El Parque Nacional de Gorongosa sufrió la pérdida de más del 90% de sus animales durante la guerra civil en Mozambique, que duró 15 años. En la zona de la República Democrática del Congo, sacudida por un conflicto armado desde 1995 hasta mediados de la primera década del siglo XXI, especies de animales como antílopes, monos, roedores, gorilas y elefantes han reducido de forma drástica su población porque su carne se usó para alimentar a los soldados. Otros conflictos en otras zonas han diezmado, por ejemplo, la población de búfalos americanos o la de hipopótamos.

Sobreexplotación minera. La explotación irregular de las minas de oro en Colombia y la extracción ilegal de otros recursos naturales por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) durante la larga guerra civil han causado la contaminación por mercurio de ríos y tierras. En la República Democrática del Congo se han abierto minas ilegales que contaminan. Uno de los minerales de la zona, el coltán, es muy apreciado en el mercado internacional.

Consejos de Cruz Roja. El Comité Internacional de Cruz Roja anima a las partes en conflicto a limitar los daños a la naturaleza. Entre los consejos figuran evitar situar a las tropas o el material militar en ecosistemas frágiles o zonas protegidas, como los parques nacionales; cartografiar las zonas de importancia ecológica o fragilidad, y no conducir operaciones militares en ellas; y acordar la designación de esas zonas como zonas desmilitarizadas donde no pueda desplegarse ninguna acción militar y donde se prohíba el acceso de los combatientes y del material militar.


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