Once grandes compañías de la cadena de valor del hidrógeno han constituido la European Resilience Alliance for Clean Hydrogen & Derivatives para presionar por un marco político y financiero que convierta en proyectos reales la ambición climática de la UE. Menos del 7% de los proyectos en curso han alcanzado una decisión final de inversión.
La brecha entre proyectos y compromisos
La cifra lo resume todo: de los numerosos proyectos de hidrógeno limpio activos en Europa, menos del 7% han superado la decisión final de inversión (FID). Es el diagnóstico con el que arranca el libro blanco publicado por la European Resilience Alliance for Clean Hydrogen & Derivatives (ERA) en el mismo día de su constitución, celebrada el 23 de abril en el Parlamento Europeo en Bruselas con Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para la Transición Limpia, Justa y Competitiva, como figura inaugural.
ERA no es un foro de debate más. Sus once miembros fundadores —Enagás, Fluxys, Fortum, Gasgrid Finland, Moeve, Nordion Energi, OGE, RWE, SEFE, Stegra y Thyssenkrupp, en cooperación con Hydrogen Europe— son primeros ejecutivos que representan toda la cadena de valor: producción, infraestructura, demanda industrial y financiación. La alianza nace con un mandato explícito: identificar y desbloquear los cuellos de botella que frenan el mercado europeo del hidrógeno.
Cuatro frentes que bloquean el mercado
El libro blanco de ERA señala cuatro causas estructurales del estancamiento. La primera es la demanda: sin señales claras y financiables de consumo futuro, los proyectos no cierran financiación. ERA reclama la transposición inmediata de la Directiva de Energías Renovables (RED III) y una aplicación armonizada de normativas sectoriales como ReFuelEU Aviation y FuelEU Maritime.
La segunda es el coste de la electricidad, que representa el 70% del coste de producción del hidrógeno verde y que ERA considera inasumible en las condiciones actuales. La alianza pide rediseñar los mecanismos de apoyo de la UE para dar prioridad a proyectos de gran escala anclados en demanda industrial real.
El tercer frente es la seguridad inversora. ERA propone garantizar la solidez del Sistema de Comercio de Emisiones (ETS) y del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), redirigir sus ingresos hacia la competitividad del hidrógeno limpio, ampliar las disposiciones transitorias para los combustibles renovables de origen no biológico (RFNBO) más allá de 2030 e introducir garantías de cartera con respaldo público.
El cuarto es la infraestructura. Sin una red troncal europea de hidrógeno con financiación y plazos definidos, los corredores transfronterizos que conecten centros de producción y demanda seguirán siendo papel.
Enagás, referencia española en la coalición
Entre los fundadores figura Enagás, el principal operador de infraestructura gasista en España y gestor de la red de transporte de gas natural, que lleva años posicionándose en la cadena del hidrógeno tanto a escala nacional como en proyectos europeos. Su presencia refuerza el peso de España en una alianza cuya capacidad de influencia dependerá, en buena medida, de su acceso real a los procesos legislativos de la UE.
Presión coordinada sobre Bruselas
Miguel Ángel López Borrego, CEO de Thyssenkrupp y Thyssenkrupp Decarbon Technologies, describió la dependencia energética europea como un problema estructural que amenaza tanto la prosperidad a largo plazo como el liderazgo industrial del continente. Maarten Wetselaar, CEO de Moeve, apuntó al hidrógeno como la vía para descarbonizar sectores difíciles de electrificar y reducir la exposición a la volatilidad de los mercados de petróleo y gas.
ERA operará como interlocutor unificado ante las instituciones europeas, los gobiernos nacionales y las administraciones regionales. En paralelo, coordinará a los actores de toda la cadena de valor para identificar barreras concretas y proponer soluciones técnicas y financieras aplicables.
La alianza se presenta en un momento en que la Comisión Europea revisa su estrategia de hidrógeno y varios Estados miembros debaten la transposición de normativas clave. Si ERA consigue traducir la presión de sus once CEO en cambios regulatorios medibles, podría alterar el ritmo de despliegue de una tecnología que hasta ahora ha acumulado más anuncios que contratos firmados.
