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El vegetarianismo: cambios en la dieta a favor del planeta

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Este 1 de octubre se celebra en todo el planeta el Día Internacional del Vegetarianismo o Día Mundial de los Vegetarianos, establecido desde 1977. El objetivo es alentar cambios en el estilo de vida de las personas y sobre todo en su dieta. La fecha fue fijada por la Sociedad Vegetariana de Estados Unidos y ratificada por la Unión Vegetariana Internacional.

El principio del vegetarianismo consiste en no consumir ningún tipo de carne en la dieta diaria. En muchas ocasiones, el vegetarianismo es algo más que un enfoque nutricionista y se acerca a una forma de ver el mundo que rechaza que se utilicen animales para consumo o para diversión. El vegetariano tiene como máxima la protección de todos los recursos de la naturaleza.

El vegetarianismo y su motivación

Es más que una moda. Se comprueba en el supermercado o mirando el menú de un restaurante. La opción verde cobra fuerza. Ya no es para minorías marginales. Según Meat Atlas, entre el 2 y el 10% de la población sigue una dieta vegetariana.

¿Cuáles son los motivos para que una persona decida llevar una dieta vegetariana? La ética y la moral están detrás de algunos vegetarianos y se relaciona con el maltrato animal. Determinadas personas desdeñan el consumo de carne porque no quieren que los animales sufran durante su crianza con el único fin de que en algún momento se convierta en un plato en la mesa. El cuidado de la salud también es una de las razones para este cambio de hábitos. Y hay personas que no comen carne por motivos religiosos, como hindúes o budistas.

La palabra vegetariano procede del latín vegetus, concepto que asumió la Asociación Vegetariana Británica en 1842, porque significa completo, sano, fresco o vivaz. Entre el mundo artístico se conoce que determinados famosos son vegetarianos, como Pamela Anderson, Natalie Portman, Bryan Adams, Cameron Díaz o Woody Harrelson.

Tipología

El vegetarianismo comprende distintos tipos y grados. Aquellos que no admiten la ingestión de ningún producto derivado de los animales (huevo, lácteos o miel) son veganos, y también denominados vegetarianos estrictos o vegetarianos puros. Si comen huevos, se les llama ovovegetarianos. Si toman leche, son lactovegetarianos. Y si aceptan huevos y leche son ovolactovegetarianos. Los crudívoros tienen una dieta basada en el consumo de alimentos de origen vegetal, pero consumen todos los productos crudos, que no hayan sido calentados por encima de 46,7º C, procesados o cocinados. Los apivegetarianos no toman ningún producto de origen animal, salvo la miel. Los que solamente se alimentan de frutas son frugívoros.

Pero hay otros tipos de dietas vegetarianas o seudovegetarianas. Los crudiveganos son al tiempo crudívoros y veganos. La alimentación macrobiótica consiste en conocer las características del producto y luego actuar en libertad para comerlo o no. Los granívoros proponen el consumo de alimentos en grano. El lactocerealismo aboga por el uso principal de alimentos lácteos y de cereales. Los esteinerianos o biodinámicos se preocupan por la regeneración de los terrenos empobrecidos por cultivos continuos.

Más subgrupos de vegetarianos. Los eubióticos buscan combinar correctamente los alimentos y por eso evitan asociar proteínas con carbohidratos. Los semivegetarianos comen la menor cantidad de carne posible. Por flexiteriano se conoce al que mantiene una dieta vegetariana o vegana, pero consume carne, aunque mucha menos que la media. Los pescetarianos no ingieren, carne, leche o huevos de animales terrestres, pero sí peces y otros animales marinos. Los no carnívoros no comen carne. Pero sí pescado, mariscos, grasas o aceites animales, excipientes o colorantes de origen animal y harinas de huesos. Las personas que se alimentan de verduras, pasto u oleaginosas de forma cruda son los crudivegetarianos. El bivalvovegetarianismo excluye el consumo de alimentos de procedencia animal, salvo los bivalvos como ostras, almejas o mejillones.

A excepción de los crudívoros, crudiveganos y crudivegetarianos, la dieta vegetariana admite la cocción de los alimentos y el consumo de productos refinados como el azúcar y la harina, además de pastas blancas, frituras e incluso alimentos en conserva o aquellos a los que se le han añadido colorantes o conservantes.

Efectos

Sobre los posibles beneficios, la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos y la Asociación de Dietistas de Canadá establecieron en 2003 que las dietas vegetarianas correctamente planificadas son saludables, nutricionalmente adecuadas, se asocian con tasas más bajas de diabetes tipo 2 y ayudan a disminuir los niveles de colesterol y la presión arterial.

El vegetariano busca además productos naturales y evita las sustancias químicas y los organismos genéticamente modificados. La ausencia de químicos tiene una clara ventaja para la salud porque los productos se asimilan mejor, fortalecen las defensas y pueden prevenir enfermedades. Es una apuesta también por el medio ambiente, porque la agricultura industrial precisa grandes cantidades de agua y mucho petróleo. El uso de fertilizantes y plaguicidas causa emisiones de gases de efecto invernadero y favorecen el cambio climático.

La dieta vegetariana favorece la limitación de las emisiones de gases de efecto invernadero. Un estudio de 2020 publicado en Nature Sustainability encontró un alto coste de oportunidad de carbono de la agricultura animal. La tierra desplazada por alimentos de origen animal tiene la capacidad de capturar 152.5 gigatoneladas de carbono en la biomasa vegetal viva si la humanidad modificara su alimentación hacia el vegetarianismo.

Comer carne

Más datos: los pastos utilizados para alimentar animales rumiantes criados para carne y productos lácteos causan el 72% del carbono. Por el contrario, las tierras de cultivo para forraje generan el otro 28%. Según una investigación publicada en The Lancet (2019), cambiar a una alimentación basada en plantas podría reducir las emisiones vinculadas con los alimentos hasta en un 80% para 2050.

El consumo excesivo de carne, sobre todo la procedente de la ganadería intensiva, perjudica al medio ambiente. La FAO estima que el sector ganadero emite el 14,5% de la cantidad total de gases de efecto invernadero. Además, el 23 % del agua disponible del planeta se usa para la ganadería. Las macrogranjas ocasionan otros efectos negativos como la contaminación por estiércol y las emisiones de metano.


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